El martes 22 de noviembre del 2011, falleció en París a los ochenta y siete años, Danielle Mitterrand, viuda del que fuera presidente Francois Mitterrand. Cuando éste fue elegido en 1981, ella firmó un pacto con su esposo, de acuerdo al cual, él se dedicaría a la política y ella viajaría y defendería las causas de la Fundación “Francia-Libertades”. La entidad luchaba por ‘causas perdidas, según lo anotó un periódico, tales como la lucha en Túnez, Marruecos, Cuba, los Países no Alineados. Defendió la existencia de la Amazonía, simpatizó con la rebelión en Chiapas, México, demostró su oposición a la dictadura pinochetista y apoyó las reivindicaciones de los mapuche en Chile. Danielle sobrevivió un atentado en Kurdistan en que fallecieron siete integrantes de la fundación. Ella afirmó: “Continuaré con mi acción hasta la muerte”. Por quince años fue la Primera Dama del Eliseo. El título nunca le cuadró.
Tal vez una explicación de su conducta, inusual para una mujer de su alcurnia, se encuentre en la educación de sus padres, profesores secundarios, Antoine y Reneé Gouze. Danielle nació en Verdún en 1924. Su padre quien era director de escuela, se negó a proporcionar la lista de alumnos y profesores judíos a los nazis durante la ocupación y el gobierno títere de Vichy. Sin juicio alguno fue separado de su cargo. En 1982, Danielle refirió en una entrevista a “Le Monde”: “Yo tenía dieciséis años y tuve que salir de mi indiferencia para medir mi capacidad de revuelta contra la injusticia, la que sufrieron esos niños, la que sufrió mi padre”. El lector tiene que recordar que la Francia de la época, participó sin desgano en la persecución de los judíos y otras minorías. Tenemos la costumbre de referirnos siempre a los abusos del imperio del Norte. Olvidamos a los franceses, belgas, alemanes, italianos, ingleses que quedan ocultos en la maraña con sus culpas y abusos coloniales. Francia, con sus colonias en Indochina, dio comienzo al conflicto en Vietnam, en el que fue vencida por los vietcong. Los norteamericanos la continuaron y nada les sugirió la derrota del ya no tan poderoso imperio galo.
Prosigo con Danielle. Su esposo la describió en una carta, como una joven menuda “hermosa y con sus ojos de gata admirables. Fijos sobre un más allá del cual ignoro los límites y los accidentes”. Ella conoció al hombre seductor y brillante de familia de provincia, conservadora y católica, educado por los hermanos maristas, en abril de 1944 en París. Su hermana se lo presentó, como un novio para ella. Pero a nuestra protagonista no le gustó el capitán Morland, apodo de Mitterrand en la Resistencia francesa. “Es un hombre, y a mí me gustan los jóvenes”, respondió a su hermana. Recordemos que tenía diecisiete años y aún no terminaba sus humanidades. Pero el amor dictamina, no la razón, y se casaron el 28 de octubre de 1944. Danielle Gouze fue una joven con firmes convicciones republicanas, agente de contacto de la Resistencia, seguía la norma de sus padres que albergaban a hombres y mujeres del maquis (underground). Tal vez coincidió y reafirmó el pensamiento de izquierda a su también joven esposo. Era más radical que su marido y denunció “el poder del dinero y la sociedad capitalista sin corazón ni alma”. Tuvieron dos hijos, Gilbert (1949) y Jean-Christophe (1952).
Cuando en 1971 el líder del Partido Socialista perdió las elecciones frente al conservador Valéry Giscard d’Estaing, se tomaron unas vacaciones en Cuba e intimaron con Fidel Castro con el cual Danielle mantuvo una amistad hasta el final de sus días. El 21 de mayo de 1981, en su tercer intento, Mitterrand logró la presidencia y la consecuente reelección. Gobernó hasta 1995. Danielle explicó a los asesores presidenciales que no sería una primera dama tradicional y ella respondería personalmente la correspondencia que los electores enviaran al palacio presidencial. Ives Saint-Laurent, el célebre modista, le confeccionaba los vestidos para los actos públicos –que ella devolvía puntualmente– y le enseñó a no usar el color blanco en Asia, y a cubrirse los brazos en el Oriente Medio. Durante los casi quince años como representante de la república, Danielle dejó a un lado el protocolo. En la boda de Carlos y Lady Diana en Inglaterra, se negó a la reverencia ante la reina. Después de todo, siempre fue una ferviente republicana. En mayo de 1996, Fidel Castro realizó una visita oficial a Francia. Danielle rompió una vez más el protocolo y bajó las escaleras de palacio para saludarlo efusivamente.
Mitterrand tuvo una hija fuera de su matrimonio, Mazarine. Danielle jamás hizo público lo que era vox populi. Al morir Francoise Mitterrand en 1996, ella llamó por teléfono a la madre de Mazarine para participarle el fallecimiento del hombre de sus vidas y la invitó a los funerales. Ante el féretro y los asistentes, tomó del brazo a Mazarine Pingeot, la besó y la colocó entre sus dos hijos. El retrato que nos entrega este “beau geste”, bello gesto, nos dice todo sobre esta mujer extraordinaria.
* Profesor emérito de la Wichita State University