Querida Yenny:
Estaba viendo sin ver la televisión y en una teleserie brasileña leyeron un poema de Luis de Camoes, (un pedacito de Amor é fogo que arde sem se ver), entonces, me acordé de Manoblanca... y heme aquí (¡qué verbo tan difícil y extraño! yo escribiría y evo me pero no me hagas caso, es serbio) prendiendo el computador y escribiendo.
No soy crítica literaria ni nada que se le asemeje, sin embargo, quedé comprometida de enviarte mi opinión-sensación-decantamiento.
Manoblanca y los pájaros del pavimento, lo leí varias veces, (menos el colofón, después lo leeré), es que la poesía no es para digerirla de una y todas las veces quedé con la misma sensación, de que no lograba descifrar las palabras.
Luego dejé que me hablaran:
Sentí que has nacido, amado, odiado, vivido, vegetado, perdonado, resignado, muerto, renacido y más que eso, es como si tuvieras el secreto (y certeza) del tránsito que te toca en esta vida-tierra, y eres tan humilde, que ni siquiera protestas, porque sabes lo que viene y a qué vienes.
Mi corazón en varias ocasiones se "suavizó" (falta le hacía) y una que otra lágrima me traicionaron en la lectura, sin embargo, lo que prima es que tengo que aprender de tus escritos, como persona, y... mucho.
El libro es precioso, me miré a través de mi propia prisión y disfruté cada dibujo, la delicadeza del papel y lo asertivo del intercalado con los poemas.
Los colores y el esmero en la publicación (¿cuántas correcciones?... no es necesaria la respuesta) decía, el esmero y prolijidad en la publicación, muy bien logrados.
Te mando un abrazo y mis mejores deseos en tu vida profesional, literaria, graffitera, familiar y bueno, también motuda.
¡Que todos tus viajes se concreten!
Selección de poemas de Manoblanca y los pájaros del pavimento
El Juego
Creyendo que estábamos solos, nos desnudamos; una por una
dejamos caer las hojas. Recorté con los dientes un cordón de
niños de papel que tú colgaste luego en el dintel de la puerta.
Nos vendamos los ojos y empezamos a besarnos. Afuera
nevaba. En lugar de palabras, te salían peces de la boca; en
vez de sudar, me brotaban pájaros mojados. Por los rieles del
pecho galopaban caballos de viento. Te obligué a derramarte
contra el espejo. Tus ojos reían, tus manos lloraban. Rodando
había caído tu boca por la escalera y ahora todas las estatuas
de la calle sonreían. Hasta que volvió la Vida con sus piernas de
tijera. Paso a paso derritió la nieve y se nos acabó la fiesta; de
luto, siempre la Vida, con su varilla de castigo en la mano.
El Espejo
Quitarse la cáscara del día
las luces de colores
las ropas que a veces duelen
despojarse de la risa
Abrir la carne y encontrar
el cuesco de la tristeza
cuya constatación nos vuelve reales
Entrar en el cuadrante del espejo
hundirse en ese otro cielo
desarraigado de preguntas
levantar la mirada y encontrar
el ojo vertical que nos observa
atravesando la frente
Y atravesar la frente
Separarnos en gajos
abrir los ángulos gastados de la memoria
trazar la cruda desnudez la necesaria
cobijar el pez verde que nos navega
Desarmarnos Desglosarnos
volver a lo que fuimos antes de
tener un nombre
y de tanto desbordarnos
en el agua crucial del espejo
reconstruirnos sin aditamentos
con la honestidad de una gota de lluvia
en la ventana del silencio.
Manoblanca y los pájaros del pavimento. Corporación Cultural Municipal de Valdivia, 2008.