Anaquel Austral 
 
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Publicaciones : Crónicas

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1973. El golpe militar y los años de cólera en Chiloé
Dante Montiel *

 

 

 

 “Mi amigo y compañero de banco

esta vez no llega tarareando a Cat Stevens.

Intento escribir en un cuaderno

el nombre de la chica que me gusta.

La profesora entra y nos anuncia día libre.

Dice que nos vayamos con cuidado

por el asunto del golpe militar”

 

“Juglarías”.Nelson Torres.

 

 Se iba a celebrar el Día del Profesor cuando un latigazo invisible golpeó la conciencia, la radio desde temprano informaba del Golpe de Estado aquel día nublado en Castro, las noticias y comentarios eran angustiantes y la preocupación comenzaba a cernirse; se escuchaban los primeros bandos militares y las familias permanecían en sus hogares esperando los acontecimientos, mientras otros rápidamente acudían a sus casas. De amanecida las camionetas fiscales C-10 conducidas por Carabineros entraban a la Comisaría en calle Portales con detenidos, y con armamento vigilaban a los coterráneos cual enemigos, era un sueño, nadie pensaba lo que sucedería después, aunque en muchas casas vecinos castreños celebraban. El “toque de queda” se imponía, después de las 18:00 horas Castro parecía un pueblo fantasma, la gente se dirigía raudamente a sus domicilios para que no “…los pille el toque de queda”, mientras las fuerzas de seguridad patrullaban buscando a los supuestos subversivos. Los bomberos debieron hacer guardia nocturna durante una semana a solicitud del Jefe de Plaza por presuntos incendios que provocarían los “marxistas”, y el día 14 ráfagas de balas y disparos de pistolas se sintieron de amanecida en el cuartel bomberil –a un costado del Cuartel de Carabineros— despertando a los voluntarios; nadie supo que pasó, no hubo gritos, después un silencio sepulcral,  nadie por razones obvias investigó.

El Cuerpo de Carabineros, dirigido por el Mayor Mario Torrealba, más tarde designado Gobernador de Chiloé,estaba a cargo del control de la ciudad, y en esos días allanaron casas de conocidos simpatizantes del Gobierno, al hospital y postas rurales,ante rumores que existía un hospital clandestino, revisan documentos de los auxiliares de salud buscando datos de escuelas de guerrillas,se difundían listas negras con nombres de miembros de la Unidad Popular, se detenía e interrogaba, se castigaba y delataba a las personas, en un ambiente de muchos comentarios y de miedo. En diversos círculos se rumoreo que desde hacía un mes había llegado un camión lleno de armas para carabineros, y que mucha gente vinculada a la derecha, opositora tenaz al gobierno, y de la Cámara de Comercio sabían del “golpe” de Estado. También carabineros recorría las calles observando las casas que habían instalado la bandera chilena en sus frontis en apoyo a la nueva autoridad militar, y numeraban aquellas que no, entre tantas acciones propias del momento crítico.

Posteriormente los castreños adquirían los diarios para enterarse de las novedades existentes, en un local instalado en el subterráneo de la concha acústica de la plaza administrado por Oscar Martínez Vilchez, allí pudieron observar las fotografías captadas durante el asalto a La Moneda, entre algunas la imagen del Presidente Allende desde una de la puertas del edificio con casco de combate y metralleta, detrás de él acompañándolo lealmente la espigada figura con gruesos bigotes de Danilo Bartulín, médico del Mandatario, el destacado galeno castreño cuyos familiares vivían en la ciudad. Resistió con el Presidente junto a otros funcionarios el ataque al Palacio, salvando con vida, fue detenido y preso por más de un año en el Campo de Concentración de Chacabuco, saliendo luego al exilio, el resto de los apresados mayoritariamente pasarían a engrosar las listas de detenidos desaparecidos. Se comentó además que dos aparatos Hawker Hunter volaron dos veces sobre La Moneda y en una tercera iniciaron el bombardeo sobre la fachada norte, de la cual salieron llamas y columnas de humo, uno de los pilotos de estos aviones fue un tal Barrientos, coterráneo chilote. Incluso en este trágico hito de la historia reciente aparecían las vinculaciones con Chiloé, protagonistas que desde sus vivencias personales y particulares opciones se entremezclaron en este fatal día. Por otra parte, muchos conscriptos provenientes de distintos lugares de Chiloé que cumplían su Servicio Militar Obligatorio en Punta Arenas, Porvenir o Coyhaique, fueron trasladados inmediatamente a Santiago para cumplir funciones propias de un Estado de Sitio, recorrían las calles armados y realizaban todo tipo de acciones que les ordenaban sus superiores en aquellos momentos más álgidos y fuertes del terror instaurado por el nuevo gobierno. De alguna forma desvinculaban al joven con el entorno, conduciéndolos a otro lugar donde no habría ningún tipo de vínculo y por consiguiente la forma de proceder sería mas autoritaria, precisamente porque no conocían a nadie o no existía relación afectiva alguna, siendo transplantados por breve tiempo y podrían con mayor disposición cumplir lo ordenado en contra de sus propios conciudadanos. Durante dos a tres meses permanecieron en la Capital sin el menor contacto, extrañando todo, mientras tanto muchas familias isleñas desconocían el lugar donde se encontraban sus muchachos hasta transcurrir dos años, y concluido su servicio son licenciados retornando a sus hogares, relatando la experiencia con cierto recelo y recordando aún las indicaciones de sus oficiales de mantener silencio. Mayoritariamente no entendían en el fondo lo que estaba ocurriendo, y en esa especie de ingenuidad adolescente asumieron un rol ofensivo que nunca imaginaron.

 

 Se exoneraron y destituyeron rápidamente por bando militar a funcionarios de gobierno y públicos, a Directores de colegios y de otros estamentos, en Castro al Gobernador Celedonio Cárdenas y Alcalde Alberto Velásquez, a los regidores Gilberto Vera, Gaspar Rojas, Vicente Vargas, Ignacio Tapia, Orlando Bórquez, Gilberto Aguilar,al Director Provincial de Chaitén (Chiloé Continental) Dante Montiel Cárcamo,al Intendente de Chiloé con asiento en Ancud Sra. Alicia Faulbaum y al castreño Nelson Gonzáles, Intendente de Llanquihue, al Dr. Carlos Yurac, Director del Hospital,entre tantos nombres; se intervenían las Alcaldías, los Colegios, las Organizaciones y todo ente que tuviera alguna relación política o comunitaria. El nuevo Alcalde designado era Fernando Brahm con todas las atribuciones para dirigir la comuna y encauzar los propósitos del Gobierno Militar a través del Coronel Sergio Leigh Guzmán, Jefe de la Zona de Llanquihue y Chiloé y del alto Oficial Juan Soler Manfredini, Jefe de Plaza, cuyo nombre aparecería posteriormente en un Informe de la Organización de Estados Americanos(OEA) implicado en casos de derechos humanos y tortura. Como muchos jefes militares de la zona sur, el Coronel estaba extrañado al no existir resistencia, hubo un solo caso en los primeros seis días: un poblador atacó a balazos a una patrulla de carabineros en Quellón “…pereciendo en el intento…” acotó,a pesar de la “extraordinaria” paz que se vive en Llanquihue y Chiloé —dice— las F.F. A.A. están alertas,”…no puede ser verdad tanta belleza, tanta calma nos preocupa…”. Luego, generaciones en conflicto, enfrentamientos de diversas formas al poder militar, tristezas y alegrías, rompimientos familiares y vecinales, el acecho de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA),los atentados en EE UU,Argentina, Italia, las listas de detenidos-desaparecidos, arrogancia de autoridad, asilo político, soplonajes, torturas, miedos laborales, intimidación, y un cuanto existe en dictadura sellaron los años de tantos chilenos. La autoridad militar se imponía a fuerza de las armas, y en los días siguientes profesores del Liceo debieron tomar prevenciones en todos los aspectos mientras otros eran detenidos por subversivos, izquierdistas, o simplemente porque eran acusados como simpatizantes del gobierno popular.

 

La televisión sorprendía dejando estupefacto a los observadores insulares mostrando imágenes del asalto a La Moneda, de la muerte del Presidente Allende, de los operativos militares y allanamientos en sectores populares, del armamento destinado a los supuestos miles de guerrilleros que operaban en el país, del Estadio Nacional convertido en campo de concentración, del asilo de cientos de compatriotas en las Embajadas, de los enfrentamientos con “extremistas” que con los años se supo fueron verdaderas ejecuciones, de la famosa isla Dawson con los presos políticos, del impacto y tristeza por la muerte del poeta Pablo Neruda con el altivo discurso de despedida del escritor chilote Francisco Coloane en el Cementerio General acompañado de decenas de personas que se atrevieron a desafiar a los militares, mientras éstos vigilaban el cortejo con el armamento preparado,de las recompensas ofrecidas para delatar a personeros políticos de la Unidad Popular, de la información difundida en periódicos de un enfrentamiento entre izquierdistas en la frontera argentina donde se ejecutaron unos a otros con las horrorosos titulares “…se mataron como ratas…”,más tarde se demostró que los fusilaron a todos; de aquellos rostros congelados y teñidos de ira de los miembros de la Junta de gobierno Militar con el General Pinochet posando con grandes gafas oscuras y las declaraciones prepotentes propias de un guerra, de los informes de la prensa coludida con la nueva autoridad,y otros hechos que contextualizaban lo que ocurría. El drama aparecía una y otra vez. Empero, en el archipiélago a pesar de lo que acontecía, se minimizaron dichas medidas coercitivas, quizás porque la comunidad se vinculaba activamente y de alguna manera se conocían en diversas circunstancias o por la propia marginalidad y distanciamiento de la provincia que derivaba en una supuesta visión de normalidad cotidiana de vida.

 

 Una mañana llegó al Liceo el Oficial de Carabineros Claudio Calderón,Jefe de Plaza y de Estado de Emergencia en Castro, se reúnen los cursos en el gimnasio en medio de un ambiente de intranquilidad ya que se sabía del encarcelamiento de docentes y ocultamiento de otros, allí pronunció un discurso político amenazante, autoritario, instando a no involucrarse en ninguna actividad política, los estudiantes no hablaban, observaban desconfiados a las nuevas autoridades. Mas tarde, los profesores temerosos enviaron a las salas al estudiantado, algunos meditaban, otros no entendían, y los rostros reflejaban que algo cambiaría en la vida de todos, desde esos momentos cambió el Liceo, la sociedad, la comunidad, un quiebre que aún se percibe. La ceremonia de licenciatura de Educación Media Científico-Humanista el año 1973 fue en un clima político tensionado, realizándose en el Cine Rex—actualmente el auditórium del Centro Cultural Comunitario— desde las 15:00 hrs. ya que el “toque de queda” era a las 18:00 hrs., invitados sólo los padres y apoderados en medio de un ambiente de preocupación con la mayoría de asientos desocupados; no hubo fiesta ni abrazos, cada cual volvió a sus hogares, ha sido la licenciatura más triste que tuvo el Liceo de Castro. Finalizaba drásticamente un ciclo de nuevas experiencias, años compartidos y enriquecimiento personal.

 

 En los siguientes meses muchos vecinos castreños que vivían en el sector centro de la ciudad y reconocidos como “derechistas” se sumaban a la campaña de “Reconstrucción Nacional”, concurriendo al Banco del Estado,a Carabineros o a la Notaría, a obsequiar sus joyas de valor o dinero para colaborar con el gobierno militar; hoy el destino de esas riquezas se desconoce, mientras aquellos que regalaron parte de su patrimonio intentan explicar lo increíble en un momento de sus vidas donde la inseguridad enseñoreaba. Comenzó además el proceso de cambiar la unidad monetaria de Escudo a Peso, al principio fue muy engorroso para la comunidad acostumbrarse al sistema impuesto, muchos acumulaban grandes cantidades de billetes para cambiarlos con la nueva moneda, otros al transcurrir el tiempo no cumplieron los plazos estipulados quedándose con los antiguos Escudos sin poder cambiarlos, especialmente muchas personas del sector rural, y aquellos que recibían su sueldo mensual junto al comercio establecido debieron adaptar los pagos, ventas, cancelaciones y otros a la modalidad propuesta por los “chicago-boys” de las finanzas, los mesías de la economía. Estos gerentes técnicos de las escuelas de negocios e ingeniería comercial son estimulados por el gobierno, y en un programa de televisión se satirizó al personaje esbozando la figura del “Cuesco Cabrera”,simil del gerente juvenil que todo lo puede lograr, sin importar mucho el costo. En Televisión Nacional se justificaba por todos los medios a la dictadura militar, el Noticiero “60 Minutos” tenía como comentaristas estables a Rafael Otero y Rafael Kisteiner,quienes arrojaban toda su palabrería en las pantallas con una desfachatez increíble; al verlos aparecer para sus comentarios muchos creían absolutamente sus opiniones, otros sentían rabia y pena ante tanta falacia, por ello sus reflexiones provocaban opiniones divergentes entre los compañeros liceanos.

 

 En aquellos momentos, el fútbol constituyó un efímero oasis de paz en medio de los turbulentos acontecimientos, Colo-Colo llega por primera vez en la historia del balompié chileno a la final de la Copa Libertadores, perdiendo tendenciosamente con un equipo argentino. Además era el año de las eliminatorias para el Mundial de Alemania, pocos días después del 11 la selección de Chile viaja a Moscú donde obtienen un valioso empate sin goles, merced a una extraordinaria defensa. Al negarse Rusia venir a Santiago, Chile clasifica para el Mundial. En Castro –como en el resto del país— se dialogaba acerca de este logro deportivo, aunque lo extraño era el absoluto desconocimiento informativo de lo ocurrido en Moscú, un auténtico pacto de silencio se impuso, no había imágenes, ni comentarios, muchos pensaron que serían secuestrados difundiendo los peores vaticinios, sin embargo, aquel país dio muestra de una dignidad y consecuencia a toda prueba, ni siquiera se imaginaron que así sucedería, solidarizaban con los chilenos afectados por la dictadura y se oponían a que el deporte sea el acicate para justificar tanto drama. De diversas maneras el gobierno de facto intentó sacar provecho de la actitud de Rusia. Por varias semanas se conversó lo ocurrido, y se esperaba un buen desempeño en el Mundial por parte de la selección nacional.

 

Se conversaba tristemente y con preocupación de los vecinos que habían sido apresados por sus ideas y simpatías políticas, encontrándose recluidos en la Comisaría local, recibiendo castigos y apremios ilegítimos por parte de carabineros con toda su carga emocional y traumática. De aquellos internos en la cárcel de Castro cuando recibieron condenas y fueron trasladados desde “Chin-Chin” en Puerto Montt, del drama de las familias que no sabían lo que les podría ocurrir o quizás no verlos mas, o de aquellos que de un instante a otro fueron exonerados de sus trabajos sin ninguna consideración, con las consecuencias derivadas en su entorno familiar y los ajustes para sobrevivir, de los vecinos presos en la cárcel de “Chin-Chin” soportando estoicamente el drama para continuar con vida y unirse como familia en aquellos momentos duros. Destacados y reconocidos dirigentes sociales, funcionarios públicos, profesores, comerciantes, estudiantes y otros chilotes de diversas actividades estaban privados de libertad ;en suma, una psicosis dramática se cernía en la comunidad, cuyos efectos aún se perciben. Los nombres de José “Chi-Chío” Fernández, César Leiva, Mario Contreras, Edgardo “Pilchita” Bórquez, Celedonio Cárdenas, Hernaldo Cuyul, Hernán Solis, José Valderas, Luis Alfaro, Cataldo Martínez, René Vidal, dirigente y estudiante liceano que cursaba primero medioedio, vicepresidente del Centro de Alumnos, junto a Juan René Borquez, alumno del Politécnico,y Moisés Teca, alumno de la Escuela No 1, que cursaba 8º Básico y quizás sea el preso político mas joven de Chile; se suman Marco Romero, Jaime Moraga, Hugo Huenchur, Pedro Gipolou, Pedro Quelincoy, Hugo Huenchur, Carmelo Quinchen, Jorge “Guatón” Barrientos, Héctor “Cascarita” Barrientos,Flavio Mansilla, Mario Lagos, Pedro Miranda, Sergio “Mono”Bartulin,”Noé” Cárdenas, Quintul, entre tantos otros,se repetían una y otra vez en los hogares castreños con el deseado desenlace favorable de sus historias protagónicas al ser trasladados a la cárcel de Puerto Montt, donde algunos permanecieron hasta dos y tres años detenidos.

En medio del entorno hostil sorprendió a la vecindad el apresamiento y posterior traslado a “Chin-Chin” del connotado servidor público Demetrio Cárdenas, un hombre anciano reconocido comunitariamente; no faltó quien informó a la policía en esos años donde era habitual la acusación infundada o “soplonaje” que tenía un arsenal en su casa y, al allanarla encontraron un viejo y oxidado trabuco del siglo XVIII inutilizable, sin embargo igual fue detenido. Este hecho paradojal conllevó diversos comentarios y opiniones de lo que estaba sucediendo, era la nota anecdótica y trágica por decirlo de algún modo; después de un mes regresó don Demetrio para alivio de los vecinos, prosiguió atendiendo su negocio en calle Blanco, y entre risas todavía tenía el ánimo como viejo patriarca castreño de relatar su paso por las mazmorras de la dictadura. Fue un altivo ejemplo para muchos y enseñanza digna de tomar en cuenta porque los nuevos personajes del poder, enfermos de soberbia, no podían o no deseaban considerar explicación alguna ante la obviedad de una situación por mas explícita que sea.

 

Los cursos siguientes del Liceo continuaron sus estudios sin una relación fluida con el mundo político o social, el control militar se percibía y nadie comentaba aspectos contingentes. Las atrocidades,vejámenes, y otras tropelías cometidas por la dictadura se oían en las murmuraciones familiares o se escuchaban en la noche por Radio “Moscú” en el programa “Escucha Chile” y las voces inconfundibles de Volodia Teitelboim y la soviética Katia Olevskaya,de José Miguel Varas o Virginia Vidal, que noche a noche seguían la crónica de la dictadura, informando y denunciando lo que ocurría en el lejano país; era increíble y muchos simplemente lo ignoraban. Varias veces difundieron noticias de Chiloé, se leían los nombres de los presos y perseguidos  en una ocasión hablaron de torturas en el buque “Cirujano Videla”.Desde las 23:00 horas comenzaba la búsqueda frenética de la radio moscovita en onda corta del dial, siendo quizás el programa de mayor audiencia durante los primeros años del régimen militar, los auditores se ingeniaban para escucharlo en los lugares mas recónditos de sus hogares, como una acción clandestina y riesgosa. Al día siguiente los comentarios con personas de confianza en las casas, en las oficinas, o donde se podía hablar se referían a lo difundido por Radio “Moscú”, muchos ilusos no daban crédito a lo que informaban pensando que eran inventos del marxismo internacional.

 

Como no existían elecciones del Centro de Alumnos al estar prohibidas se nominaba a un estudiante que apoyaba el régimen o era de confianza de las autoridades locales, éste pasaba a ser Presidente con una directiva que lo acompañaba; uno de estos Presidentes delegados se dirigía a los alumnos con gafas negras durante algún acto o para mencionar alguna información, fue apodado “Maito” por su semejanza con un animador español de aquel entonces. Tales alumnos durante su gestión no aportaron absolutamente nada al colegio y los nombres se olvidaban al poco tiempo; en realidad había poca conciencia de lo que ocurría, siendo generalmente encubierto por un entorno de diversión adolescente y estudio. En el acto oficial los días lunes se enseñó a cantar la nueva estrofa de la Canción Nacional, “Nuestros nobles, valientes soldados...”, que se debía entonar obligatoriamente.

 

Fue paradojal y sorpresivo que se organizara el taller literario “Aumen” con los profesores Carlos Trujillo, Elba Andrade,Renato Cárdenas y otros, un oasis para los alumnos de libertad de conciencia, muchos se integraron aunque con temores por lo que implicaba y la directora Elena Lauriani dio muestras de consecuencia a toda prueba. Rápidamente aparece la Universidad con lo que significa y la partida a otras provincias, aquella migración ilustrada que apenaba a padres e hijos y que aún continúa; alegrías y penas se conjugan, especialmente porque el joven insular sentía una relación profunda con su cultura y su tierra, por lo cual este alejamiento obligado para el perfeccionamiento personal desde una región patrimonial fue muy sentido, situación que se prolongaba desde décadas anteriores.

 

Otros hitos del decenio del 70 se referían al Campeonato Nacional de Fútbol Amateur en Febrero de 1974, donde Castro se tituló campeón. Un gran paréntesis que permitió olvidar por algunos días de lluvia y sol la nefasta actuación de la dictadura militar en la comunidad. En las graderías, como tantos jóvenes emocionados y fanáticos se participaba de los partidos a estadio lleno, especialmente cuando jugaba Castro; llegaron siete selecciones: San Fernando, Osmán Pérez Freire de Valparaíso, Iquique, Puerto Natales, Antofagasta, Osorno y Renca. Rememoranzas de los famosos jugadores de entonces: Jorge Peredo, Raúl Aburto, Ricardo Barría, Alonso Gómez, Boris Sandoval,Fredy Gazzo, Hugo Cárcamo, Hernan Moedinger, Héctor Avila, entre otros, Germán Cornejo como Director Técnico con Ramón Caro de Ayudante y Carlos “Gancho” Reyes era el utilero. Todo Castro apoyando a su selección, constituyéndose en el gran evento de entonces, además la influencia que se ostentaba en distintos niveles permitía realizar actividades o acciones que facilitaban la organización, como el traslado de jugadores, aporte de alimentación, auspicios institucionales y dirigentes que contaban con el respaldo gubernativo, destacando la eficaz y vital acción del dirigente Hugo Oyarzún; significó un acontecimiento que todavía es gratamente rememorado, fue el verano inolvidable. Cuando concluyó el partido final en un dramático desenlace frente a la selección de Iquique,bastando solo el empate para ser ganadores después de ir perdiendo, Castro es Campeón ;en medio de la alegría, llantos, emoción, los castreños Alonso Gómez y Boris Sandoval eran traídos por algunos hinchas en andas desde los camarines, inmerso en la felicidad contenida. Desde las graderías de madera cientos de voces cantaban la canción nacional, los seleccionados dan la vuelta olímpica, el público de pié aplaudía y saludaba, esa noche no hubo toque de queda, la gente canto en la calle, bailó en la plaza y celebró hasta el otro día, la ciudad festejaba y vivió su propio carnaval durante varios días.

 

Ese mismo año, el Municipio local con el Alcalde Brahm comenzó un proceso de difusión cultural con grandes eventos, apoyado por la Secretaría de la Juventud, que aglutinaba a jóvenes que respaldaban al gobierno militar. El dirigente permanente de esta institución en Castro fue Ramón Urrutia, y principalmente se abocaban al eventismo y entretención. Organizaron un gran Festival de la Canción en el Cine Rex con Juan La Rivera como animador, resultando ganador la excelente canción de Romilio Gómez, con un marco espectacular de público que durante tres días repletó el local ;también se presentaban otros artistas en el mismo recinto como Alfredo “Pollo” Fuentes, el humorista Carlos Helo y otros. Finalizando la década se organiza la Peña Folclórica y el Festival Costumbrista, eventos que proyectan la cultura tradicional chilota y que tímidamente comenzaron para convertirse en los más importantes y masivos del sur del país; Chiloé se proyectaba en su fisonomía para el turista, lo superficial y el eventismo sin contenidos reinaba.

 

La Secretaría de la Juventud tenía su oficina en el tercer piso de la Municipalidad, muchos jóvenes que la integraron hoy pululan por Castro en distintas oficinas públicas y privadas, incluso municipalidades y colegios; se dedicaron principalmente en aquellos años a realizar actividades de entretención, siendo obsecuentes con la dictadura y autoridades locales, algunos incluso acusaban e informaban a los organismos de seguridad o entes gubernativos sobre el actuar de otros jóvenes o vecinos. En altoparlantes desde el Municipio transmitían música y mensajes centrados en la Plaza durante el atardecer, lugar donde se congregaba la juventud en gran cantidad. Formaron un Conjunto Folclórico denominado “Huapache” que no tuvo mayor relevancia, junto a otras actividades sin trascendencia ni proyección; paulatinamente sus integrantes se retiraban y nunca lograron articular activamente a la comunidad juvenil.

 

El gobierno de facto deseaba implantar la Fiesta de la Primavera, así en noviembre de 1974 en el Estadio Municipal con mucho público el Cuerpo de Bomberos realizó una presentación pública con desfile y ejercicios competitivos, como referencia visual se instaló un gran casco hecho en cartón y madera sobre el techo del antiguo gimnasio; y se realizó un evento con carros alegóricos enmarcado en esta Fiesta donde participaron varias instituciones, algunas obligatoriamente y otras espontáneamente, la plaza se llenó de alegría y sorpresas por algunas horas, repartiendo premios a los ganadores del concurso de móviles. Grupos de jóvenes del sector centro confeccionaron un carro alegórico con materiales diversos siendo premiados por su constancia, al construir un volcán de madera y tela montado sobre la carrocería de una camioneta que incluía erupciones cada cierto tiempo con humo y aserrín; quizás la única vez que en masa el público concurrió a la plaza: se destacó también un carro del Club Aéreo con sus integrantes realizando un asado de cordero sobre un acoplado, repartiendo algunos trozos de carne a los niños que seguían el trayecto del vehículo ante el estupor y asombro de quienes observaban, fue la imagen kafkiana de entonces.

 

También se organizaban shows en el Cine Rex con artistas locales, bastante gente presenciaba estos eventos y aplaudían a los vecinos cantantes; allí Julio Muñoz cantaba temas de Rafael de España,especialmente el popular tema ”Ave María”, el rock and roll era cantado por María Eugenia Vega, la popular “reina del rock”y Lucho “Papillo” Haro imitaba a Quelentaro e interpretaba usando un poncho café :”…en la gruta del avellano, estoy tallando, tallando..”; Antonio Espada cantaba canciones románticas y Enrique Vera, conocido entre los jóvenes como “Paico” fue uno de los cantantes con mayor proyección, incluso participó en famoso programa televisivo “El Festival de la Una”, donde compitió con el tema “ Si me dejas ahora”; aquella tarde todos los vecinos castreños observaban como uno de sus coterráneos aparecía en la TV. representando a Castro, era la primera vez que en este medio un chilote orgullosamente cantaba; actitud tremendamente valorada y los comentarios favorables se esparcían por todo el archipiélago, como un expectativa nunca imaginada entre los artistas que descollaban en la ciudad. Otra de las incursiones televisivas muy comentadas fue la del joven castreño Carlos Brahm, quien aparecía durante algunos segundos en un spots difundido por T.V Nacional ofreciendo zapatos de vestir especiales con el aditivo propagandístico de ser confeccionados con puro cuero legítimo. El rostro del animador mostrando el calzado era sonriente en el televisor en blanco y negro, la novedad se difundió por la ciudad y muchos observaban la tanda de propaganda durante las tardes de programación para ver la actuación del coterráneo entre la sorpresa y satisfacción al comprobar como lograba acceder a este medio de comunicación un joven chilote, hecho que se vislumbraba casi imposible. Durante dos meses aproximadamente los castreños miraron la publicidad hasta su repentina desaparición de la pantalla. En ese tiempo se organizó un popular grupo de voces “Los de Cucao”, integrado por Fredy Gazzo, los hermanos Boris y Hugo Sandoval, entre otros, interpretaban temas de raíz chilota cuya letra y música fueron realizadas por el compositor Humberto Soto; cantaban canciones valiosas que se proyectaron hasta el presente siendo una de las agrupaciones mas destacadas y profesionales de Chiloé, que durante algunos años deleitó con su actuación.

 

En ese entonces, el Gobernador de Chiloé obligaba subliminalmente a las Compañías de Bomberos, Carabineros, Marinos, en tenida de estricta parada efectuar el izamiento del pabellón nacional en el frontis de la Gobernación los días domingos, situación prolongada por algún tiempo hasta concluir sin pena ni gloria, toda vez que la institución bomberil no tenía relación de dependencia con las Fuerzas Armadas y sus integrantes ya expresaban internamente su molestia por esta participación; acotamos que las instituciones locales para reunirse o sesionar solicitaban el permiso respectivo al Jefe de Plaza con una semana de antelación, lo que implicaba un control de las organizaciones en todo sentido.

 

En 1975, el general Pinochet visita la ciudad, entonces grupos de estudiantes, organizaciones públicas, el Cuerpo de Bomberos, numerosos profesores, agrupaciones, autoridades, funcionarios municipales y estatales, esperaban al dictador ocupando ambos lados de la calle Chacabuco y Esmeralda hasta la plaza, con un gran lienzo colgante donde se leía “Bienvenido”. Ingresa a la ciudad desde el aeródromo cruzando raudamente en una caravana de automóviles, nadie prácticamente lo percibió, no se dieron cuenta si era el militar quien miraba desde el vehículo, luego estuvo en el quiosco hablando a una concentración de personas cuyos rostros estaban inanimados y otros fervorosamente alegres. Muchos pudientes ofrecieron sus vehículos “Mercedes Benz” para trasladar a la comitiva, sentían un particular orgullo por esta acción; sin embargo, algunos fueron incitados a participar, en sus caras se observaba su preocupación. Pinochet se fue, la Municipalidad asumió los gastos de alimentación y movilización de aquellos que llegaron invitados al acto oficial en el gimnasio, no sabiéndose el aporte de esta particular visita. Ese mismo año, en mayo, se incendió el antiguo gimnasio fiscal, lamentándose la perdida de este tradicional lugar competitivo que llenó de gloria y emoción durante décadas a generaciones de deportistas que miraban como las llamas consumían la estructura en calle Freire; aquella noche la vecindad se congregó en el lugar haciendo recuerdos de tan estimado recinto.

 

Al inicio de el año 1976, el dictador nuevamente efectúa una visita rápida a Castro, como se acostumbra el aparataje del gobierno de facto trataba de popularizar el régimen, buses arrendados traían desde diversos lugares del archipiélago a los supuestos simpatizantes, también se obligaba de modosubliminal a los funcionarios públicos, profesores, municipales, a participar del acto, junto a las diversas organizaciones con sus directivas. Algunos vecinos de confianza se ubicaban en los accesos donde se desarrollaría la actividad y anotaban o “tiqueaban” quienes eran los que participaban y quienes no, a estos últimos la represalia de diversas formas aparecía en su labor cotidiana. Los Alcaldes debían esmerarse en cumplir una eficiente labor, recepcionando a la ilustre visita con todo lo que significaba, porque si no se cumplía con las expectativas el edil tenía sus días contados como autoridad ;el Jerarca habló desde el quiosco de la plaza rodeado de su guardia personal, miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), autoridades designadas y otros simpatizantes del gobierno, planteando una serie de medidas que favorecían a Chiloé para rematar posteriormente que estaba en guerra con el comunismo internacional, con los “apátridas”, con el cáncer marxista, con los señores políticos, aplausos esporádicos y entusiasmados se sentían, gritos y cánticos a favor de los fanáticos, otros no comprendían lo que acontecía, mientras coterráneos del sector rural aprovecharon la oportunidad para comprar y pasear en la ciudad, sucedía de todo cuando se anunciaba la llegada de Pinochet. Almorzó en un exclusivo local, se embarcó en el helicóptero y regreso a la capital; la gente se disperso y los buses retornaron con sus pasajeros. Aquellos opositores castreños indignados por lo que acontecía en el país en medio de un clima de incertidumbre y temor, comentaban entre sus familiares y amigos de confianza la rabia sentida ante tanto dolor contenido y no comprendían como algunos de sus vecinos respaldaban al gobierno dictatorial. Días previos a su visita decenas de autos de la Central Nacional de Inteligencia (CNI) recorrían las calles de la ciudad, se comentaba soterradamente que tenían como distintivo las iniciales de la nefasta organización estampadas difuminadamente sobre el capó de los vehículos, pudiendo observarse desde cierta distancia por el frente del móvil. Estos permanecieron estacionados en fila ocupando la cuadra de la plaza por calle O’Higgins.

 

Durante el verano, la selección de Castro participa del Nacional de Fútbol Amateur en Calama. Se jugaba de noche y en una de las fechas le correspondió enfrentar a Ancud, el clásico rival, lo transmitió radio “Chiloé” en cadena con la radio “Minería”, lo relató Darío Verdugo, ganando Castro 5 por 0. Los castreños en sus casas escuchaban el partido en aquellas radios marca National, envueltas en un estuche de cuero café, que se masificaban en la ciudad y eran recuerdos del Puerto Libre. La alegría del triunfo fue total, muchos salieron a celebrar sin importarles el toque de queda cuyo límite era a las 11:00 de la noche, recorrían las calles muy contentos, mientras camionetas de la Armada con marinos portando ametralladoras patrullaban aquella noche junto a carabineros con el furgón o “cuca” como se le conocía. Momentos donde muchos fueron detenidos, otros se ocultaron en diversos lugares y algunos fueron sorprendidos en casas particulares donde los sacaron a la fuerza, siendo conducidos al cuartel policial y otro grupo llevado a la bodega de la otrora sede del Club Estibadores, donde durmieron cuando se podía a duras penas sobre telas. Los que presentaban cédula de identidad quedaban en libertad a las 6 de la mañana, otros eran retirados por sus padres. Sin embargo, esa noche amanecieron conversando del partido, entre el temor y la efervescencia deportiva. La victoria de Castro en fútbol permitía instantáneamente romper esquemas cotidianos y se contaron muchas anécdotas por lo acontecido.

 

En agosto de 1976, a mediodía se derrumba una enorme casa-palafito abandonada de cinco pisos en calle Pedro Aguirre Cerda; la muerte de personas jóvenes aplastadas al colapsar la edificación fue una trágica noticia ; el posterior retiro de los cuerpos por parte de bomberos y familiares aumentó la pena y preocupación, eran elocuentes los comentarios de los vecinos del sector ante el tremendo ruido que provocó la caída del palafito, una verdadera explosión de madera, vidrios y el humo generado. En diciembre un enorme incendio en plena esquina de Esmeralda con Blanco destruía un inmueble monumental, la vecindad se concentró en el lugar observando el acontecimiento; allí un grupo de alumnos de 4º medio del Liceo dieron un ejemplo de servicio público como bomberos, siendo reconocidos días después por sus profesores al concluir su Enseñanza Media durante el acto de licenciatura. Una enseñanza a los jóvenes de su generación, toda vez que algunos sufrieron accidentes al combatir el fuego en la tradicional casona que fue consumida casi totalmente por las llamas y luego demolida.

 

Entre las novedades deportivas en 1977 los castreños dialogaban del trascendental triunfo de Edmundo Warnke al ganar la tradicional Maratón de San Silvestre, que se disputa la noche de Año Nuevo por las avenidas de San Paulo. Pero, lo que viene es desastroso, Chile queda fuera del Mundial de Argentina al ser eliminado por Perú, tema obligado en cualquier reunión de amigos o compartiendo la pena futbolística en uno de los tantos bares de la ciudad. Año en que el coraje de Martín Vargas no le alcanzó ante la maestría de Miguel Canto. Lo derrotó por unanimidad en dos ocasiones. Al año siguiente sufrió su cuarta derrota ante Betulio Gonzalez; sin embargo la afición reconoció su valor, que concluye con el combate ante el japonés Yoko Gushiken, a fines de la década. Los vecinos trasnochaban esperando al púgil, y los gritos “¡¡pega, Martín,pega!!” se escuchaban en las casas, emulando y recordando al ídolo local Juan Ule que ya concluía su brillante carrera boxeril en aquellas noches de gloria en el gimnasio fiscal. El boxeo era uno de los deportes más populares, la afición esperaba con ansiedad el día en que se programaban veladas boxeriles, porque inmersa en el clima político contingente esta actividad aparecía como el bálsamo que apaciguaba los dramas personales y comunitarios.

 

El año 1978 fue de novedades, en marzo el fuego destruyó totalmente la Barraca “San Bruno” en Avenida Pacífico –hoy Galvarino Riveros— donde por vez primera en la historia castreña la televisión exhibe dicho desastre, siendo filmada por el corresponsal Humberto Soto y mostrada en el Noticiero Central “60 Minutos” de TV. Nacional: días después; fue la novedad local. Por su parte el gobierno imponía su autoridad drásticamente, sin importar la condición humana, se masificaban los conceptos de exiliados, desaparecidos, torturados, detenidos, Central Nacional de Inteligencia (CNI), toque de queda, relegados, enfrentamientos, allanamientos, exonerados, soplonaje, y otras palabras, que aún hacen doler el alma. A comienzos de ese año el gobierno militar convoca a una Consulta Nacional, se votaba “Si” o “No”, el “Sí” era una bandera chilena y el “No” un círculo negro, con lo cual de alguna manera intentaba legitimarse en el sentido de no intervención de otros países en asuntos internos ante las presiones de los gobiernos extranjeros y la condena de la Naciones Unidas (ONU) por las violaciones a los derechos humanos,. La Escuela Nº 1 fue el centro de votación, filas de hombres llegaban a votar en un ambiente tenso, mientras los militares en tenida de combate vigilaban el lugar; la persona votaba y se le cortaba su carné de color verde en una esquina. En sectores aledaños a Castro soldados pertenecientes a la Fuerza Aérea con ametralladoras montaban guardia en las Escuelas rurales o sedes vecinales. Muchos se atrevieron y votaron por el “No”, aunque con preocupación, mas aún cuando se relataba a los amigos cuál fue su preferencia en aquellos momentos de poder absoluto; como se esperaba el “Si” resultó ganador, y los comentarios escritos en el exclusivo medio de información de la moderada disidencia se leían en la Revista “Hoy”, que por entonces era la voz de una oposición encubierta, la cual debía actuar con suma precaución. En la TV. el dictador apareció ufano saboreando el triunfo a lo Pirro, mientras en la radio local las autoridades agradecían por el respaldo recibido, nadie se acordaba de cuántos eran los inscritos, quiénes podían votar, quiénes controlaban las mesas y contabilizaban los votos, qué pasaba con los registros electorales; en suma un auténtico fraude con todas sus letras.

 

Este año es nombrado Israel Bórquez como Presidente de la Corte Suprema del país, el de la célebre frase “…los desaparecidos me tienen curco…”: el mejor reflejo de la actitud de poder que presidía frente a la desaparición forzada de tantas personas. Fue un chilote con fuertes vínculos de parentesco en Castro y Chonchi, vivió y ejerció su profesión de abogado en esta ciudad durante la década del 30 y simpatizaba con el Partido Conservador, luego postula a la vacante del Primer Juzgado de Punta Arenas, trasladándose a la austral ciudad. En Castro lo llamaban familiarmente “Don Tolo”, años después en pleno gobierno militar, dicen que nunca el poder judicial de Chile había sido cubierto de tanto oprobio; su concepción del derecho público genera aun perplejidad. En su gestión de más de cuatro años, la Corte Suprema no cumplió con el deber de proteger a las personas afectadas por la política represiva, enviando claras señales de pasividad y consentimiento; a la postre, la mayoría de jueces declinaron hacer prevalecer el Derecho.

 

El mes de agosto fue paradojal para muchos, ya que el grupo literario “Aumen” organizó el Primer Encuentro de Escritores liderados por Carlos Trujillo y Renato Cárdenas, actividad autorizada en plena dictadura; fue una luz entre tanta oscuridad, y en las aulas del Liceo durante tres días la poesía gozó de libertad, incluso se realizaron actividades de extensión literaria en Achao. Los participantes Iván Carrasco, Jaime Quezada, entre otros, no podían creer lo que sucedía en Chiloé, realismo-mágico puro en momentos donde la literatura y por ende sus escritores eran considerados mayoritariamente subversivos, incluso se difundió el suceso en diarios y revistas nacionales. Ocasión propicia donde se comentó además de la situación nacional y otros tópicos atingentes, una masiva presencia de participantes y estudiantes en las mesas literarias y los resguardos necesarios de los panelistas. Se trató de evitar comentarios políticos públicos que pudieran derivar en inconvenientes para organizadores, participantes y autoridades designadas que facilitaron las dependencias. En conclusión, un atrevimiento insospechado coordinado por los escritores y recibido con profunda satisfacción comunitaria, cuando no se creía posible su realización ni menos que se autorizara este encuentro en esta pequeña ciudad al sur del país. Entonces comenzaban a difundirse entre los alumnos las calculadoras de bolsillo, la gran novedad de aquel momento, poseer una de estas otorgaba cierto status y se mostraba orgullosamente; además, en este mismo mes para los jóvenes concluyó un frecuentado lugar de diversión como fue la Discoteca “Los Troncos” localizada en calle Esmeralda, propiedad de Arturo Pacheco, primer local de este tipo en la ciudad que se repletaba los fines de semana al compás de la música y bailes, en una noche muy calma las llamas arrasaron la dependencia pese a los esfuerzos bomberiles.

 

Transcurren los meses y en Octubre los aires de una cuasi guerra con Argentina estaban latentes; en Chiloé había preocupación porque mayoritariamente la población tenía y tiene parientes en la Patagonia argentina, existiendo una vinculación permanente con ese territorio. Se resguardaba la frontera; los reservistas chilotes fueron llamados a acuartelamiento en el recinto portuario castreño de la Armada y se dirigieron en camiones al sector de Puyehue (Osorno), donde permanecieron un tiempo viviendo en trincheras con el armamento necesario esperando la hora fatal del la acción militar, buques de guerra camuflados recalaban en la ciudad, el techo del hospital se pintaba con una gran cruz roja, aviones circulaban el cielo nocturno dirigiéndose al sur escuchándose el ronroneo de sus motores, se simulaban ataques aéreos apagándose las luces, en resumen se generaba un clima bélico en medio de la cotidianeidad castreña, porque a pesar de todo, el ritmo de la ciudad no se trastocó mayormente y se continuó con la vida compartida. En la segunda mitad de los 70, la cesantía alcanzó niveles históricos, tiempos de pobreza, cesantes barren las calles, limpian alcantarillas, se imponía el Programa de Empleo Mínimo(PEM),un desfile de carretillas y palas se observaban en las calles, paralelo estaba el Programa de Empleo Jefes Hogares(POHJ) para aquellos que tenían preparación profesional, ambos planes dependían del Ministerio del Interior y sus sueldos miserables eran cancelados por el Municipio agregándoles una canasta familiar de víveres. El lema del gobierno “Vamos bien, mañana mejor” se difunde en la TV. y el dictador amenazaba a sus “enemigos vende patrias” una y otra vez.

 

En esos años se popularizó el sistema de apuestas deportivas denominado “Polla Gol”, que se completaban remarcando en un volante las preferencias de los equipos de fútbol, largas filas de apostadores semana a semana concurrían a las agencias, con los sueños de una fortuna fácil. Uno de los afortunados fue el vecino Luis Deramontt, quien al saber los resultados invitó a sus amigos a comer y beber pantagruélicamente, sin percatarse que en esa fecha ganaron muchos, por lo tanto el premio fue bajo; cuentan que quedó debiendo y los propios invitados se encargaron de difundir lo ocurrido entre las bromas más increíbles.

 

En ese mismo período la población se movilizaba con la tradicional Empresa de Buses "Cruz del Sur" que iniciaba recorridos directamente a Santiago, Temuco, Valdivia, Osorno y Puerto Montt, con su Terminal frente a la plaza castreña. Se incorporó con gran esfuerzo la conocida Empresa de Buses “Igi-Llaima” también con rutas directas a las ciudades, saliendo de sus oficinas instaladas en la casa de Santiago Gallardo al costado este de la plaza ;al comienzo fue muy positivo para la comunidad disponer de una nueva línea de buses, gozando de popularidad, abaratando el costo del servicio, sin embargo no pudieron mantenerse y tras algunos meses se retiran del mercado, lamentándose la decisión porque permitía una mayor competencia que favorecía a los usuarios. Ese mismo año ocurrió un hecho trágico que aisló a Chiloé por un tiempo al cortarse la ruta hacia el continente, porque durante la noche una sección del puente Pudeto que conecta Ancud con Chacao colapsó, cayendo al río parte de sus lozas de cemento y provocando que una camioneta que circulaba por el puente se estrellara y se precipitara a las aguas, falleciendo el joven conductor Aldor Montiel en un acontecimiento que conmovió a todo Chiloé, no solo por la fatal muerte de la persona sino además por la interrupción del tránsito. Era como retroceder a las décadas de los 30 y 40, situación que fue noticia nacional y obligó a buscar alternativas para restablecer el tráfico por otros caminos. Esto se sumó a la tragedia familiar; objeto de comentario obligado en el sur del país por las implicancias del hecho.A a las semanas siguientes líneas de buses restablecen su servicio. Durante mucho tiempo el puente Pudeto permaneció con aquella sección destruida y los pasajeros de tránsito observaban aquella cicatriz dolorosa.

 

Avanza el tiempo, raudamente llega y pasa la juventud con preocupaciones distintas, otro mundo se abría en la vida universitaria, una etapa fructífera en la formación definitiva y consolidación de intereses. Años de intensos estudios, perfeccionamientos, responsabilidades, también de compartir, de nuevas amistades. Durante una noche de fiesta en otra ciudad imperando el “toque de queda” un grupo de exalumnos liceanos en medio del baile presencian el allanamiento a la casa particular por militares, con todas las consecuencias de prever. Situación que impresionó, más aún cuando en Chiloé tales prácticas no eran frecuentes. Con esto se comprendieron drásticamente muchos aspectos de vida y convivencia social, sumados a la importancia de luchar por un régimen democrático como confidenciaron los estudiantes chilotes, entre otras historias protagónicas.

 

Es importante y trascendente  mencionar que la vida fuera de Chiloé refuerza la estimación por la Isla, la reacomodación al mundo continental con toda su carga emocional y cultural, implicó un mayor sentimiento a esta especial identidad insular. Aquellos esperados viajes de regreso al hogar, los alegres diálogos con amigos, el traslado de maletas rápidamente por la rampa hacia las antiguas lanchas de recorridos en el Canal de Chacao, los encuentros en buses y posteriormente en transbordadores que permitían el paso de vehículos, derivaban en sentir una visión mágica y alegre de Chiloé. Era un reencuentro consigo mismo, con algo al cual se pertenecía y donde se era protagonista; el mundo personal renacía; así lo sentían los universitarios, con fuerza telúrica. Muchos formaron parte de este contexto que paulatinamente se internalizaba, nacionalizándose con este “pequeño país de los chilotes” y sellando el compromiso de volver a entregarse por entero a su desarrollo. Estos continuos viajes durante cinco años y las tristes despedidas al retomar el accionar universitario, consolidó a las generaciones con los blasones de identidad insular hacia otros ámbitos, revalorizando y dignificando a Chiloé.

 

* Prof. Estado. Historia y Geografía. Historiador. Castro. Chiloé.

 

Esta crónica es parte del libro “Castro. crónicas cotidianas de los años 60 y 70”, del mismo autor.






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 Referencia
Dante Montiel *.  "1973. El golpe militar y los años de cólera en Chiloé."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    1 de Octubre de 2008.
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