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Publicaciones : Crónicas

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Isla de Juan Fernández y la novela “Más Afuera”
Pedro Bravo-Elizondo *

 

Es un hecho reconocido cuando se habla de la Isla, el relacionarla con “Robinson Crusoe”, la novela de Daniel Defoe (1719), basada en los percances y aventuras del escocés Alexander Selkirk y sus cuatro años como náufrago en la Isla Más a Tierra, la que en 1966 cambió su nombre a Robinson Crusoe. Lo que no se comenta es cómo varios gobiernos a lo largo de los principios de nuestra historia, utilizaron lugares distantes y apartados como prisiones para los enemigos del régimen o del establishment. Juan Fernández no fue la excepción, cuando en los tiempos del virreinato del Perú, Manso de Velasco (1745-1761) recluyó en Más a Tierra a los condenados por las Reales Audiencias de Quito y Santiago. Los delitos incluían desde blasfemias a homicidios, motines hasta enemigos del gobierno.

 

Tras el desastre de Rancagua en 1814, Mariano Osorio, San Bruno y sus talaveras apresaron a diversos patricios que creyeron en sus promesas de respetar sus propiedades y personas. No escaparon miembros de la Primera Junta de Gobierno. Juan Egaña en su poema satírico “La Fernandina” relata su aprisionamiento en Juan Fernández como víctima de la represión. En 1821 fueron enviados a la isla los partidarios de los hermanos Carrera. José Miguel refugiado en la pampa argentina buscaba los medios para su regreso a Chile. Las haciendas y propiedades fueron confiscadas y su anciano padre allí desterrado, permitiéndosele regresar sólo para morir en su hogar.

 

Durante el régimen de Manuel Bulnes, después de la batalla de Loncomilla (1851), se estableció una cárcel en la isla para los opositores al gobierno. En 1834, el inglés Thomas Sutcliffe fue nombrado gobernador político y militar de la isla. En 1835 fue testigo del violento terremoto que azotó la costa del Pacífico. La isla experimentó el terremoto con menor violencia que el Chile continental.

 

Bajo la presidencia de Pedro Montt se creó en 1909, el presidio agrícola Más Afuera, pero el desconocimiento burocrático hizo fracasar la empresa debido a la esterilidad del terreno. Llegamos a la dictadura del militar, entonces coronel Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931), quien en 1927 conjuntamente con reos comunes, envió presos políticos entre ellos Gaspar Mora, Luis Heredia, Juan Chacón Corona, Elías Lafertte, Eugenio González (1903-1976) futuro Rector de la U. de Chile (1963- 1967) quien nos dejó su novela “Más Afuera”. Entre otros, había pampinos e iquiqueños como Ladislao Córdova Retamal (1884-1968), secretario de actas del movimiento huelguístico salitrero de 1907. Así lo recordó en sus memorias (La Voz de la Pampa. Revista Cultural s/f, ni editor): Después de permanecer como catorce días encarcelados se nos notificó que seríamos llevados en el vapor ‘Chiloé’ para Más Afuera. Eramos catorce de Iquique y Pampa Salitrera y desde Valparaíso nos condujeron en el Transporte ‘Angamos’ de la Armada Nacional a la Isla Más Afuera, a los tres días de navegación llegamos a nuestro destino, reuniéndonos en la isla 384 ciudadanos de entre los cuales habíamos obreros, artesanos, universitarios y profesionales”.

 

En su autobiografía Ladislao Córdova recuerda que para preparar la huelga de 1907, “Formamos una compañía artística de variedades y nos lanzamos a una jira por los centros salitreros y pueblos, para dar funciones con el fin de organizar los comités y para estos fines nos aprovechamos del terremoto de Valparaíso (1906) y dar funciones para cooperar en ayuda de los damnificados. En cada oficina dejábamos el Comité organizado con la consigna que si en cuarenta y cinco días no contestaban los salitreros por intermedio de la Intendencia paralizaríamos las faenas en la pampa y bajaríamos en masa a Iquique”.

 

Ladislao relata que ya instalados en la Isla Más Afuera, Varios compañeros pusieron en práctica sus dotes y capacidades llegándose a confeccionar entre ellos guitarras, mandolinas y violines (…) Largo sería enumerar los esfuerzos y entusiasmo que pusieron la mayoría de nuestros camaradas para estimular en parte a nuestros compañeros en su confinamiento”.

 

Gracias a otro desterrado Elías Lafertte (1886-1961) que también nos dejó sus memorias “Vida de un comunista” (Santiago: Imprenta Horizonte, 1961) podemos no sólo verificar lo aseverado por Córdova, sino ir más allá. Lafertte recordaba: “Ochenta y cuatro personas subimos abordo del ‘Angamos’, el transporte de la armada que debía conducirnos al destierro. En una bodega nos metieron a los de Santiago y en otra vecina a los nortinos, entre lo que se hallaban Braulio León Peña de la Federación Obrera de Chile de Iquique, Juan Guerra, Salvador Ocampo y Samuel Carrasana de la directiva obrera de Antofagasta. A través del muro que separaba las bodegas pudimos tomar contacto y saber mutuamente quiénes eran los compañeros de relegación” (194). Más adelante agrega que en marzo llegaron nuevos relegados entre ellos Julio Moya, Roberto Salinas Astudillo, el profesor Eugenio González y el poeta Roberto Meza Fuentes”. Podemos observar la estrecha correlación con lo dicho por Córdova, cuando Lafertte agrega en otra página, “Con madera de la isla, los compañeros fabricaron guitarras, mandolinas y violines (…) con estos rústicos instrumentos se formaron estudiantinas y conjuntos musicales” (198). Lo que no nos dice Lafertte es que en su juventud cuando era obrero pampino y trabó amistad en Iquique con Luis Emilio Recabarren en el período iquiqueño del líder (1911-1914), desempeñó un rol importante en el periódico “El Despertar de los Trabajadores” y más aún en el Conjunto Artístico ‘Arte y Revolución’ como actor del grupo.

 

Eugenio González en su novela “Más Afuera” (Santiago: Editorial Nascimento, 1930), a través del narrador  nos introduce a personajes que se caracterizan por ser criminales, hampones y conocedores de los bajos fondos, como El Lince, El Aguilucho, El Chute, El Patas de Seda, El Ñato Japón. Se observa que evita mencionar a los recluidos por razones políticas. Cuando lo hace, nombres y acciones no se corresponden en absoluto con ellos. Es imposible reconocer a ninguno de ellos, lo que a las claras demuestra su perspicacia e inteligencia política. Recordemos que la novela se publicó en 1930, el dictador todavía en el poder. La descripción inicial nos entrega una visión de la isla: “Altos cerros de rojiza lava estratificada parecían prontos a derrumbarse sobre las casuchas (…) Circundando la costa –acantilados y rocas- el cinturón inquieto de la marejada”. El encierro físico y mental, el alejamiento de toda civilización y entorno humano quedan patentes en el lector.

 

Certera es la descripción del estado de ánimo de los desterrados y del área: “La monotonía del tiempo que se arrastraba hacia la eternidad como un río cansado, sin que en él se reflejara otra cosa que una realidad estúpida y vulgar, vióse quebrantada de pronto por un hecho inusitado: la noche anterior, tres hombres habían intentado fugarse, hacerse a la mar en el único bote de la isla”. El océano, el fuerte oleaje y los arrecifes los derrotó en su empresa. Entre las historias intercaladas en el texto, hay una que nos acerca a los pampinos detenidos en la Isla. González quien conoció la región salitrera, Antofagasta, nos presenta en el relato a El Chinito, “cuya niñez había transcurrido en Huara, uno de estos puebluchos sórdidos y polvorientos que se levantan a lo largo del Ferrocarril Salitrero que une a Iquique con Pisagua, a través del desierto. Ahí llegó, un día cualquiera, procedente del Perú, su padre Yut Sen”. El nombre tiene una eufonía similar a Sun Yat Sen, creador de la moderna República china en 1912 y co-fundador del Kuomitang. El motivo de El Chinito le permite al narrador entregar a grandes rasgos parte de vida en la Pampa.

 

En uno de los últimos capítulos (XII) nos comenta la organización del Conjunto Teatral Isla de Más Afuera. La relación de González con respecto a la presentación del conjunto teatral varía entre lo divertido, lo tragicómico y lo serio.

Si ocurrió o no el encuentro entre el iquiqueño obrero anarquista y regidor Ladislao Córdova, Elías Lafertte el futuro senador comunista y el intelectual Eugenio González, presidente de la Federación de Estudiantes de Chile, Senador de la República, fundador del Partido Socialista, ellos fueron en todo caso, representantes genuinos de las fuerzas progresistas del Chile de la década heroica de 1930, que adelantaron la creación del Frente Popular y el triunfo de Pedro Aguirre Cerda en 1938 y que más tarde con la Unidad Popular conduciría al gobierno de Salvador Allende en 1970.

 

Después de todo, la Historia es una serie de incidentes que se van tejiendo inextricablemente, sin una lógica premeditada y que los historiadores ordenan de acuerdo con sus investigaciones y criterios metodológicos.

 

*Wichita State University

 






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 Referencia
Pedro Bravo-Elizondo *.  "Isla de Juan Fernández y la novela “Más Afuera”."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   20 de Abril de 2009.
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