Anaquel Austral 
 
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Publicaciones : Crónicas

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“¡Basta!” gritan las mujeres contra la violencia
Virginia Vidal

 

 

¡Basta!” es la Antología de la Violencia de cien autoras congregadas por Pía Barros, publicada por Asterión. Pía ha contado con entusiasta apoyo a su iniciativa porque vivimos  En un mundo donde ya a nadie espanta la feminización de la pobreza, donde la hambruna, las guerras, las migraciones, la desidia, la escasa voluntad política minimizan la problemática de género, nos planteamos la necesidad de enfrentar las diversas formas de la violencia desde la creatividad. Desde la escritura. No fue difícil encontrar cien escritoras que quisieran enfrentarse al desafío de ciento cincuenta palabras como máximo para contar una historia”.

 

De esta creación femenina resultan verdadera joyas, conjunto, alucinante. Cien formas de asomarse a una realidad palpable y atroz que muchos, muchas quisieran soslayar. Estas diminutas ficciones revelan la atrocidad que pudre las relaciones humanas en un mundo donde en defensa de su madre, un hijo mata al padre, donde también hay hombres golpeados, aunque en la mayoría de los casos sean mujeres las afectadas y sobre todo, asesinadas.

 

Esta lectura subleva. Tan breves lapsos dan una idea de las infinitas caras de la violencia intrafamiliar que asesina a mujeres, destruye para siempre la vida de los niños y arruina los últimos días de ancianos y ancianas. No se denuncia por miedo a la pérdida del hombre, a carecer de recursos económicos y tener que criar sola a los hijos. A veces el humor es máscara del dolor. La violencia, generada en una compleja relación de miedo y amor, amasa rencores, complicidades, reciprocidades, asco; mutila la propia estimación, invade de angustia y vergüenza, acrecienta el sentido de culpa y la consiguiente resignación a ser “castigada”.

 

Todo lo que se diga sobre el escarnio y la violencia contra los niños, es poco. A más de los ultrajes en su hogar, en el medio donde habitan, los sufren en la escuela, los hogares y centros donde debieran ser protegidos y los violadores son individuos que la sociedad reconoce como protectores. Horribles han sido las denuncias de niños abusados en el Hogar San Luis, de la Obra Don Guanella, en Coyhaique; el hogar de menores “Dame tu mano”, en Osorno; el hogar “Teresa Toda” en Chillán; en el hogar del Pequeño Cottolengo en Quintero, niños deficientes mentales violados por el sacerdote director del Pequeño Cottolengo en Rancagua. La pedofilia de sacerdotes ha causado estragos en la infancia, aunque alguno aduzca que realizaba ese crimen por ser “una cruz que Dios le impuso”.

 

Se trata de una antología de coraje, de valor en un mundo donde a veces la propia mujer se indigna si queda en evidencia el vejamen del que ha sido víctima, se niega a asumirlo, o se  esmera por minimizarlo y en caso se convierte en generadora de mayor irrespeto a  las demás mujeres, ferviente protectora de un sistema brutal. Sin darse cuenta, lo mantiene al no querer denunciarlo y obligarse a sobrellevar su humillación en silencio. He aquí unos capullos de muestra:

 

 

Claudia Apablaza

¿Henry Gauthier-Villars?

 

Henry Gauthier-Villars, crítico, artista, músico, escritor importante, según la Wikipedia. Que usó otros seudónimos desconocidos y maravillosos como Henry Maugis, Robert Parville, l’Ex-ouvreuse du Cirque d’été, L’Ouvreuse, L’Ouvreuse du Cirque d’été, Jim Smiley, Henry Willy; pero que además, y por sobre todo, y tal vez solamente, es conocido y aparece en la Wikipedia, porque le robó a su mujer, la gran Colette, sus primeros libros, la serie Claudine, y los firmó con su nombre.

 

Claudia Apablaza (Rancagua) ha publicado el libro de cuentos “Autoformato” y las novelas “Diario de las especies” y “EME/A”.

 

Maruxa Cameron

Y de la basura cósmica

 

Entonces llegas y te sientas, el diario abierto entre tus manos marca la distancia. Te informas de todo lo que ocurre en el planeta, guerras, cambios de gobierno, de huracanes, del cierre de las acciones, del Dow Jones, del Merval, del Nasdaq, que el dólar baja, que el cobre... pero lo que descubrirías con sólo bajar el periódico, te aterra, lo sabes, el pantano turbio, el desen­canto, las pequeñas y grandes grietas. No quie­res ver la tristeza ni hacerte cargo del terrible desamparo que envuelve nuestras vidas, los ri­tos cotidianos, de día los amigos, el trabajo, la rutina, de noche, insomnio y amargura, la so­ledad enquistada, me he vuelto invisible ante tus ojos, de nada vale que te quiera, de nada vale tanto esfuerzo, todo inútil, todo en vano, sólo esta dosis de arsénico hará que mañana en el periódico te enteres que no estoy.

Maruxa Cameron. Narradora, sus cuentos han aparecido en diversas antologías.

 

Fernanda Cavada

Problemas de género

Y le cortó mal el paño: en vez de dejar una marquita para decir pa’ donde tenía que ir el molde, el huevón lo rajó. La tela no le hizo nada, y aunque a él le dio pena admitirlo, hace rato ya no la quería. Desconcertado, vio como una mancha roja se esparcía por la mesa tiñén­dole las manos. El problema es del género— se consoló— es muy rasca, no aguanta nada.

Fernanda Cavada es narradora. Sus cuentos han aparecido en los li­bros-objeto de Ergo Sum.

 

Ana Crivelli

Mamachismo

Papá era la autoridad indiscutible de la fami­lia. Nunca me pegó ni lo escuché levantar la voz. Bastaba una de sus miradas para poner fin a cualquier conflicto. Como aquella, cuando mamá me dio una cachetada porque le dije machista. Ella se oponía a que entrara a la universidad. “Las mujeres tienen que aprender a mantener la casa limpia y ordenada, de lo contrario, cuando se casan son unas inútiles y el marido, aburrido, las deja con todos los críos”, me había gritado. Papá, con su terno impeca­ble recién planchado y los zapatos lustrados por mamá, se levantó del sillón donde aparen­taba leer el diario y caminó lentamente hasta enfrentar a mamá. La miró a los ojos hasta que ella agachó la cabeza. Se volvió hacia mí, esbozó una leve sonrisa y me dijo: “Mañana, bien temprano, salimos juntos y te vas a inscribir”.

Ana Crivelli. Estadística de profesión y narradora desde que descubrió que no sólo podía escribir fórmulas. Último libro publicado: “Sin Piedad”.

 

Amanda Durán

Porque no sabe

Anoche “Dios” bailaba en sus mejillas como una mancha. Muñequita quieta casi de trapo juega porque no sabe, porque no quiere, por­que tiene la lengua mordida de leche porque no es leche.

Detrás de la puerta el sueño perfecto para atascarse en su faldita rota como un fantasma.

Bendita tú eres entre todas las mujeres. Y bendito es el jugo de tu sexo, tu cuerpo entre­gado por todas nosotras, mordido, por amor a mí, por amor a todos, tu lengua santa tu piel tu asquerosa piel corderita de dios.

Todas las niñas del barrio éramos de barro olíamos a carne y mierda teníamos el culo roto y las uñas pintadas de nacimiento lanzábamos besos al aire y manoseábamos a nuestros hermanos chicos.

Dios nos miraba desde arriba y nos subía la falda y nos enviaba al abuelo o al vecino.

Amanda Durán, (Santiago). Poeta a veces y activista siempre. Últimos libros publicados: “Ovulada” (España) y “Antro” (Uruguay).

 

Cin González

Números

2 zumbidos de messenger convocando a un encuentro. 9 meses tomando helados y disi­mulando el amor que de a poco crecía. 3 años de pololeo con paréntesis entre medio. Una patada en el trasero, un brazo enyesado y un botellazo en la rodilla, no fueron suficientes para despertar. 20 días para una audiencia tras amenazas de muerte. 4 testigos, 2 familias des­concertadas y un fiscal haciéndose cargo de un final triste.

Cin González Leyton. Santiago. Es profesora básica y narradora. Ésta es su primera publicación.

 

Vinka Jackson

Bisabuela

En la cartera, algo de ropa interior, mi cepillo de dientes y la tijera de costuras, francamente ni sé para qué. Para defenderme, quizás, si tratan de llevarme de regreso a su lado. Para cortarme la lengua (y jamás contar nuestra historia) o para cortarme entera y coserme de nuevo, esta vez según mis preferencias. No es tan importante, no a mi edad, eso quieren hacerme creer: la jaula de oro, los puños de porcelana, los relojes que marcan el pulso de mis escombros. Medio siglo de matrimonio me ha tomado comenzar a olvidar mi artrosis, mis pulmones gastados y esa aridez inconfesable (tan injusta, si aún deseo). Camino del terminal, antes de olvidarlo todo, me detengo en el edificio donde vive mi bisnieta. “Cuando sea grande quiero ser como tú”, me ha dicho tantas veces. Dios nunca lo permita. A modo de despedida, mis tijeras de regalo.

Vinka Jackson. Mamá, psicóloga y autora de “Agua Fresca en Los Es­pejos: abuso sexual infantil y resiliencia”. Directora Ejecutiva de Fundación Para la Confianza, Santiago, Chile.53

 

Andrea Jeftanovic

¿Te acostaste con César Vallejo?

Ella anota en su agenda Rhein a las 11 horas, un nombre: César Vallejo. Para él es un nombre cualquiera; para ella, el autor de los versos que lee descubriendo otra forma de nombrar las cosas. Si define “deseo”, ahora dirá “...fue una tarde de septiembre/cuando sembré en tus brasas, desde un auto /los charcos de esta noche de diciembre”. Él la cela desde siempre, por eso husmea sus cosas y le intriga esa cita a media mañana. Hace días que él no le habla, llega a casa dando un portazo. —¿Qué pasa? —Nada. —Pero cómo que nada. —Me tenís que explicar algo. Tira la agenda abierta y pregunta —¿Te acostaste con César Vallejo? Ella ríe fuerte. —Lee —dice.—. Ignorante. Él vuelve los ojos locos, el rostro fiero, abre zanjas oscuras en su alma. Ella repite: “Hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé...”

Andrea Jeftanovic es narradora, autora de “Escenario de Guerra”, “Geografía de la lengua”, “Conversaciones con Isidora Aguirre”, “Crónicas de oreja de vaca”, “Hablan los hijos”.

 

Farha Nasra

Caricias

“Mamá no debe saber. Toma, compra el juguete que desees. Mañana tendrás que esmerarte más” le dijo el padre, mientras se subía el cierre del pantalón.

Farha Nasra. Escritora. Licenciada en Arte de la Universidad de San­tiago de Chile. Reciente publicación: la novela “El Rugir de las Pie­dras”.

 

Carolina Pezoa

Octogenaria

El gobierno ha dicho que de hoy en adelante las crudas noches de invierno serán dignas. Así lo ha dicho. Así lo han escuchado hombres, mujeres y niños que deambulan por las calles.

Desde entonces, al caer la tarde, todos corren, buscan y se hacen espacio entre los colchones y frazadas que han sido dispuestos al interior del estadio. Todos corren, excepto ella, con sus ojos viejos, enjuta y encorvada. Su paso es lento y sabe que se hará tarde para llegar al al­bergue. A su edad, no le teme a nada, solo a la vergüenza.

Carolina Pezoa es sicóloga y poeta. Sus últimas publicaciones son “Na­cencia” y “Gusana”.

 

Susana Sánchez Bravo

Estados

Cinco mujeres, en el vestidor de la piscina municipal, constatan que todas tienen cicatrices en sus cuerpos.

—Mi padre— dice la del vientre quemado afecten a por demorar con el agua para el té.

Nadie dijo nada.

La del pecho mutilado agrega:

—Marido maltratador. Libre.

Avergonzada, la del meñique faltante, cuenta:

—Hijo drogadicto, vive conmigo.

—Mi supervisor me partió la rodilla con un fierro por sumarme a la huelga de la fábrica. Ni siquiera lo encarcelaron— agrega la de la pierna tiesa.

La última se gira y muestra la espalda quemada del cuello a los tobillos, en un patrón de rayas:

—Ejército de Chile— dice—. Parrilla eléctrica, cinco años presa, golpeada y violada. Ellos siguen donde mismo.

Susana Sánchez Bravo, Valparaíso. Narradora, ha publicado “Espacios Condenados”, “Secretos Menores y Non Tanto”, “Ojo de Medusa”.

 

Michelle Souyet

Narración subjetiva del círculo de la violencia

Lo que me hiciste es grave, pero esto es peor: te quiero. El problema es mío.

Michelle Souyet, sicóloga. Es narradora y sus textos han aparecido en los libros-objeto de Ergo Sum.

 

Cristina Varas Largo

Nunca más

El frío acecha. La estufa entibia con pocas ganas, pero algo de calor entrega todavía. Las he­ridas duelen mucho con el frío y dolerán más cuando el gas del balón se acabe, en una hora y media, calculo.

No volverá a tocarme, me digo, pero esta vez es cierto porque su cuerpo yace al lado de la puerta. También el envase de cerveza con que lo golpeé. No tan fuerte, pero cayó altiro y azotó su nuca contra el borde azul de la escala.

Iré a limpiar mis heridas mientras queda gas en la estufa. Después llamaré. Esta vez se volvió más loco que nunca. Al comienzo zafé, pero tropecé contra un juguete y ahí me agarró. Tirada en el suelo, recibí. Hasta que divisé junto al sillón la botella vacía. Mañana estaré presa.

Pero viva.

Cristina Varas Largo, narradora y traductora. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías.

 

 






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 Referencia
Virginia Vidal.  "“¡Basta!” gritan las mujeres contra la violencia ."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    7 de Septiembre de 2011.
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