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Publicaciones : Crónicas

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Matta el revolucionario
Virginia Vidal

 

Allende quiere decir “más allá” y yo he venido a ver el “más allá”, entendiéndose que el “más allá” quiere decir la Gloria.

Matta.

La invitación que le hizo Salvador Allende a Roberto Matta con motivo de la transmisión del mando el 4 de noviembre de 1970, fue un hecho relevante en nuestra vida cultural.

El gran pintor surrealista y universal  se fue definitivamente en 1934, pero volvió en siete ocasiones. Cada uno de esos viajes era su forma de expresar su indestructible vínculo con Chile. Su primer viaje de retorno ocurrió en 1948, realizó una exposición en la Sala Dédalo.  Expuso en la Sala Chile del Museo Nacional de Bellas Artes en 1954; venía con el propósito de fundar un centro de arte contemporáneo que contemplara las culturas originarias de los pueblos de América y proyectara a Chile. Presentó su proyecto de mural para la Universidad Técnica del Estado en 1961. Viene por veinticuatro horas en 1967 para impulsar la solidaridad, el restablecimiento de las relaciones y participar en un homenaje a Cuba. En esa ocasión exhibió las telas de gran formato “Vivir enfrentando las flechas” y “Los malditos encandiladores”, en el patio de la rectoría de la Universidad de Chile

Viene a pintar y a inaugurar la Sala Matta en 1970. El Museo Nacional de Bellas Artes, edificio admirable del arquitecto chileno Emile Jecquier abierto en 1910, había crecido por iniciativa de su director Nemesio Antúnez. Un crecimiento hacia abajo, porque hizo excavar el gran subterráneo que se convertiría en la mentada sala. En esa ocasión, en vez de exhibir cuadros traídos por él, Matta decide pintarlos allí mismo. Sobre arpilleras aplica material de construcción: yeso, cal, látex, paja picada, tierra de color y también traída de Rapa Nui y trabaja con los yeseros. Extiende las arpilleras en el gran vestíbulo del museo. Nacen “El ojo del alma es una estrella roja”, “Mira la lucha del afuerino”, “La revolución debe ser roja y sabrosa como una frutilla” y “Le mir du coq”. También pinta en  restos de las antiguas cortinas de terciopelo del Museo. Matta estuvo en Chile hasta marzo de 1971.

Después viene especialmente desde Europa invitado por Salvador Allende, a dar su apoyo al gobierno popular. En esta visita demuestra con cada una de sus actividades que el artista debe ser un provocador de la realidad con el fin de alcanzar la emancipación integral del hombre.

“El último gol del pueblo chileno”, lo pinta en conjunto con las Brigadas ‘Ramona Parra’ y su conductor Francisco González, “El Mono”. Este mural de veinticuatro metros de largo y alrededor de cinco metros de alto, exhibido sólo por tres años, fue tapado por no menos de dieciséis capas de pintura y otros materiales. Ubicado a un costado de la Municipalidad de la Granja, en la piscina pública de dicha comuna, conmemora el primer aniversario del gobierno de Salvador Allende; fue terminado el 25 de noviembrede 1971. Según Matta, este mural “Tiene un valor político, es como la primera "chuteada" de un juego. La BRP tiene que jugar no sólo conmigo, sino que con otros pintores. Sacar a los artistas de esa especie de asilamiento.” Después del golpe de Estado fue cubierto con varias capas de pintura, rayado de manera casi irreversible, quedó en el olvido. No fue la excepción. El grandioso mural de Julio Escámez en el Salón de Honor de la Municipalidad de Chillán fue destruido por orden de la autoridad militar; primero, lo picaron, luego demolieron el muro mismo que lo sustentaba, como se puede comprobar en esa sede edilicia.

Pasaron poco más de tres décadas y el 1 de abril de 2005, el alcalde de La Granja Claudio Arriagada Macaya invitó a Francisco González a considerar la restauración del mural. Mediante análisis científicos (evaluación estratigráfica), González pudo demostrar la posibilidad cierta de recuperación y se trabajó en ello hasta lograr la restauración de una obra única que ha sido considerada patrimonio artístico e histórico.

Matta también participó activamente en la creación del Museo de la Solidaridad. La presencia del crítico de arte brasileño Mario Pedrosa, el organizador de la Bienal de Sao Paulo, en el Instituto de Arte Latinoamericano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, bajo la dirección de Miguel Rojas-Mix sería determinante para echar sus bases, consolidando la iniciativa de José María Moreno Galván (1923-1981). Este influyente crítico español de arte, en marzo de 1971 participó aquí en Santiago en el encuentro de intelectuales que se llamó «Operación Verdad». Propuso en aquella reunión crear un museo internacional en apoyo al gobierno que presidía Salvador Allende. Una comisión compuesta por el historiador y crítico de arte brasileño Mario Pedrosa, afincado en Chile, el italiano Carlo Levi y el mismo Moreno Galván visitaron al Presidente Allende y le propusieron crear tal Museo, proyecto que contó con su beneplácito. Se creó entonces un Comité Internacional de Solidaridad Artística con Chile apoyado por artistas de todo el mundo. Entre los integrantes de este comité se hallaban Louis Aragon, Giulio Carlo Argan, Rafael Alberti, Aldo Pellegrin.

En ese período comenzaron a llegar a Chile muy importantes obras de los maestros de este siglo: Joan Miró, Calder, Franz Stella, Quaytman, Chillida, Carlo Levi. Desde Montevideo, doña Manolita Piña, la viuda de Torres García, regaló un cuadro de su esposo y lo envió por intermedio del doctor Emilio Ellena.

La ceremonia de apertura del Museo de la Solidaridad se efectuó en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile (Quinta Normal), el 17 de junio de 1972. Salvador Allende inauguró de modo solemne esta colección, señalando en esa oportunidad: "es un acontecimiento excepcional que inaugura un tipo de relación inédita entre los creadores y el público". Agregó: " me conmueve muy particularmente esta noble forma de contribución al proceso de transformación que Chile ha iniciado como medio de afirmar su soberanía, movilizar sus recursos y acelerar el desarrollo material y espiritual de sus gentes".

Allende se comprometió a firmar el pertinente decreto para entregar el edificio adecuado al Museo de la Solidaridad, pero no alcanzó a cumplir ese propósito. Las valiosas obras alcanzaron a ser resguardadas en las bodegas del Museo de Arte Contemporáneo, donde permanecieron por diecisiete años.

Hoy se llama Museo de la Solidaridad “Salvador Allende”. Perteneciente al pueblo de Chile, contiene la más importante colección de arte contemporáneo existente en nuestro país y una de las más representativas de América Latina.

Una vez concluida la UNCTAD III, su sede se llamó Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral. “Queremos que esa torre sea entregada, y así lo propondré, a las mujeres y a los niños chilenos, y queremos que esa placa sea la base material del gran Instituto Nacional de la Cultura (...) queremos que la cultura no sea el patrimonio de una elite, sino que a ella tengan acceso —y legítimo— las grandes masas preteridas y postergadas hasta ahora, fundamentalmente, los trabajadores de la tierra, de la usina, de las empresas o el litoral” señaló Allende el 17 de mayo de 1972.

Construido a partir de diciembre de 1971 e inaugurado el 3 de abril de 1972, el conjunto fue diseñado por los arquitectos Sergio González Espinoza, José Covacevic, Hugo Gaggero, Juan Echenique, José Medina para albergar la Tercera Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD III). Arquitectos, ingenieros, artistas y trabajadores realizaron el proyecto en el breve plazo de 275 días. Contempló dos edificios, una placa y una torre. La placa, de 24.000 metros cuadrados, consistió en un pabellón de dos pisos de 170 metros de largo. En el nivel principal se ubicaron dos salas de conferencias con capacidad para 350 personas cada una, y una sala plenaria con capacidad de 2.300 personas. El nivel del ingreso se destinó a salas de reuniones y conferencias adicionales, y al salón de delegados. Los servicios de comunicación, una cafetería, y un restaurante autoservicio con capacidad para seiscientas personas, se localizaron en el zócalo. El subsuelo, en tanto, fue utilizado como estacionamiento. La torre consideró un programa de cuatrocientas oficinas distribuidas en veinte pisos, con una superficie total de 15.000 m2 y 70 metros de altura, incluyendo un helipuerto; originalmente, fue usada para las tareas administrativas del encuentro. Ambos edificios estaban conectados entre sí mediante puentes y comunicados con el entorno urbano a través de túneles que vincularían con calles adyacentes, una estación de metro y el Parque Forestal. Por primera vez en Chile, la coordinación de un proyecto de arquitectura se hizo íntegramente con el uso de informática, factor que incidió en la tremenda velocidad en que se realizaron las obras. La construcción se llevó a cabo en tres turnos, que funcionaban siete días a la semana. Allende visitaba la obra prácticamente a diario para alentar a los más de tres mil trabajadores. Eduardo Martínez Bonatti, designado como asesor artístico, coordinó la colaboración de los artistas representantes de las principales tendencias del arte chileno, entre ellos vitrales, murales, pinturas y esculturas de Juan Bernal Ponce, Nemesio Antúnez, los grandes peces de mimbre de Alfredo Manzano, dos cuadros de Roberto Matta, Sergio Mallol, Federico Assler, Eduardo Vilches, Guillermo Núñez, Samuel Román Rojas, Félix Maruenda, Ricardo Mesa. Juan Egenau, Helga Krebs, Iván Vial, Gustavo Opazo.  

En el Centro Cultural Gabriela Mistral se realizaron múltiples actividades culturales, conciertos y exposiciones, incluida una muestra perteneciente del Museo de la Solidaridad. El restaurante autoservicio se abrió con almuerzos a precios accesibles para el público general, sobre todo a la juventud, donde se llegaron a vender mil quinientas raciones diarias.

Después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la junta militar destinó el Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral a sede de gobierno y le cambió el nombre por el de Edificio Diego Portales; clausuró sus ventanales y enrejó el recinto, transformándolo en un gran volumen vedado al público y aislado de su entorno.

Hoy, el Museo Nacional de Bellas Artes conmemora el centenario del natalicio de Roberto Matta, con la exposición MATTA 100 de sus pinturas, grabados, dibujos, documentación aparecida en la prensa y archivos audiovisuales, además de dar a conocer por primera vez “Bolas de nieve”, una pieza realizada en 1971 sobre terciopelo, restos de las antiguas cortinas del Museo. Las arpilleras junto a otras obras pertenecientes a la colección del Museo permiten vincular la obra de este creador con la historia de nuestro país y de Latinoamérica.

Auspiciada por el Banco Santander y acogida a la Ley de Donaciones Culturales, muestra al Matta revolucionario, no sólo por su vinculación con el movimiento surrealista, sino por sobre todo mediante su compromiso social.

MATTA100 es el resultado de una investigación y levantamiento documental de las obras de la colección del MNBA y del período en que éstas fueron realizadas por el artista, bajo la conducción de la curadora Soledad Novoa. Las indagaciones han permitido clarificar la datación, procedencia y otros datos de relevancia. Esta pesquisa se realizó principalmente en archivos periodísticos y audiovisuales que testimonian el compromiso de Matta con su pueblo; “crear las condiciones para que todos tengan acceso a la cultura verdadera (más que a la acumulación de conocimientos, a la interpretación, a la apreciación de esos conocimientos con detenimiento) será la meta de un proceso revolucionario verdaderamente fecundo en el campo cultural”.

 






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 Referencia
Virginia Vidal.  "Matta el revolucionario."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    2 de Enero de 2012.
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