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Publicaciones : Ensayos

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Cantalao, territorio imaginario de Neruda
Virginia Vidal

 

Pablo Neruda fue el primer escritor de nuestro continente que fundó un espacio imaginario en nuestra narrativa.

 

Si “Un lugar de la Mancha” fue el primer territorio imaginario de la novela castellana, la novela chilena lo tendría en Cantalao, de “El habitante y su esperanza” (1926). Después se fundarían otros. Cantalao es territorio mítico anterior a San Agustín de Tango, fundado por Juan Emar en “Ayer(1934). Juan Carlos Onetti en el cuento “La casa en la arena” (1949), inicia la vida de su ciudad de Santa María, que desarrollará en la novela “La vida breve” (1950). Macondo saldrá a la luz en “La hojarasca” (1955). La desolada Comala de Juan Rulfo, se dará a conocer en “Pedro Páramo” (1955).

 

Cuando en el verano de 1999 cruzamos el paso de Lilpela, reviviendo la fuga de Neruda, nos resultó asombroso descubrir que muchos años antes, el poeta había escrito de modo premonitorio el ‘ensayo’ de su propia fuga del país en su novela “El habitante y su esperanza”.

 

Como perseguido político, primero estuvo en Futrono, en una ribera del Lago Ranco, pasó por Chihuío, reposó en las termas donde se repuso con un baño vivificador. Fue escoltado a lomo de mula por Jorge Bellet. Los arrieros hermanos Flores los guiaron a al otro lado de la frontera, rumbo a Argentina. Uno de ellos, el octogenario don Juvenal, me dijo: “Yo mismo le enseñé a andar a caballo a don Pablo. Claro que en ese momento, no sabía que era el mismo poeta perseguido por el gobierno. Mi hermano y yo hicimos un recorrido previo para despejar el camino y evitar accidentes. Yo temía que su caballo resbalara en las piedras mojadas. Ignoraba quién era el viajero que se aventuraría por ese paso clandestino bien conocido por contrabandistas, pero suponía que era un señor importante. Sólo después que pasamos la frontera y llegamos a San Martín de los Andes, supe quién era. Llevaba un pasaporte falso. Cuando llegó allá, le hicieron una recepción triunfal”.

 

A nuestro juicio, “El habitante y su esperanza”, sugerente novela brevísima, deviene la metáfora de lo que habría podido llegar a ser su vida de poeta sumido en un poblado sureño, a menos que su pasión no lo hubiere impulsado al éxodo y a la transposición de umbrales y fronteras.

 

En el prólogo, Neruda declara:

 

“Yo tengo predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada a escribir bailables o diversiones. (…. ) Como ciudadano, soy hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales”.

 

La novela “Es una fiesta, una especie de sueño que se forma delante de nosotros” según el crítico Hernán Díaz Arrieta, Alone, cuando ya no pudo resistirse al encanto de estas “vagas aventuras donde hay una mujer, unos ladrones nocturnos, un asesinato, una evasión todo ¡con qué vagabunda fantasía, con qué seducción de imágenes impalpables!

 

La génesis de este texto literario tiene su cuna en el viaje de Pablo Neruda, entre 1925 y 1926, cuando acompañó a su amigo Rubén Azócar a Ancud, luego de haber abandonado sus estudios universitarios. Allí permaneció por un año y escribió este extraño relato, conocido ahora como su única novela.

 

Mediante la elaboración surrealista de un simple suceso de crónica policial, impregnado de la atmósfera sureña, el poeta logró una elevación de universalidad que aún no había alcanzado la narrativa chilena.

 

En esta obra el poeta transpone la cronología, juega con el tiempo, introduce una epístola. Personajes-apariciones, de ficción y reales, como el amigo Tomás, asientan lo misterioso en la realidad, el Hotel “Welcome” (también mencionado en Anillos) se torna espacio mítico. Lo onírico alcanza un relieve protagónico, determinante. Su seguro manejo de tensión e intensidad, le permite al relato irradiar un vigor que rompe sus propios límites.

 

La anécdota pareciera trivial. En el poblado de Cantalao, junto al mar, un dependiente de tienda se va a robar caballos con su amigo el cuatrero Florencio Rivas, “hombre tranquilo y duro y su carácter es leal y de improviso” Florencio está casado con Irene, la amante del dependiente, quien como se advierte tiene un raro concepto de la amistad. Éste cae preso a consecuencia del robo y manda un mensaje a Irene por intermedio de otro amigo, Tomás: “Yo le escribo para saber de Irene, la mujer de Florencio, a quien deseo que lleve un recado que no necesito decirle”.

 

El dependiente sale libre. Ya está en su casa cuando llega Florencio y le pide un poncho, porque debe huir. En la primera etapa de esta fuga, el dependiente lo acompaña. Sin proponérselo, se convierte en su cómplice, pues aún ignora que Florencio ha matado a Irene.

 

El dependiente después decide vengarse de quien le arrebató a la amada y lo persigue, pero cuando va a matar al huidor, “se interpone entre ambos el sueño soñado por el perseguido”.

 

El perseguidor traspone los umbrales de ese sueño donde hay una mujer tendida...

 

En la surrealista novela, la travesía no se inició un tres de marzo sino “el doce de marzo”, cuando ya se asomaba el otoño:

 

“Yo escogí la huída, y a través de pueblos lluviosos incendiados, solitarios, caseríos madereros en los que indefectiblemente uno se espera con los inmensos castillos de leña...”

 

El dependiente trabaja en una ferretería. Rodolfo, el hermano de Pablo Neruda, se puso a trabajar en una ferretería después que su padre lo castigó brutalmente al saber que se había ganado una beca para el Conservatorio Nacional de Música, gracias a su voz privilegiada. pero su padre, el ferroviario José del Carmen Reyes Morales, consideraba que los oficios de poeta y cantante eran de maricones.

 

(Rumbo a Lilpela pasamos por Chihuío donde ahora se alza una gran cruz con escueta leyenda: Sin justicia sin olvido, en homenaje a los diecisiete campesinos y operarios de aserraderos que fueron degollados, exterminados y diseminados en ese territorio después del golpe de Estado de 1973 después del golpe de Estado de 1973).

 

Premonitoriamente, algunos sitios descriptos por donde se escabulle el perseguido, verdadero doble del perseguidor, se asemejan a los que debió transitar el poeta en plena clandestinidad en 1949 y que ahora cobran actualidad y se incorporan a la memoria colectiva.

 

“Parvo relato” llamó Gabriela Mistral a los textos de Federico Gana (1867-1926), maestro del relato breve. Esa definición de la poetisa enriquece el nutrido número de expresiones con que se intenta definir el género que cultivaron los precursores Rubén Darío, Vicente Huidobro y el mismo Gana. Se podría decir que “El habitante y su esperanza” es una parva novela donde la pasión se impone en la misma medida que la busca de la libertad.

 

Fundación Cantalao

 

Neruda quiso dar lugar geográfico y ubicación en el tiempo al espacio utópico por él fundado. Es así como a su regreso a Chile, luego de su misión diplomática en Francia, el poeta expuso su voluntad de materializar la creación de una fundación a su abogado y amigo Sergio Insunza, quien de inmediato redactó y dio forma a esta voluntad. Esta sería la Fundación Cantalao que ya no llevaría el primitivo nombre de Fundación “Pablo Neruda” Para El Desarrollo De La Poesía.

 

¿Por qué Cantalao? Acaso para concretar la existencia de un territorio donde los creadores dieran rienda suelta a su imaginación sin ser coartados por represión de ninguna laya.

 

En entrevista a la famosa periodista Rita Guibert, que fue su huésped en Isla Negra durante las dos últimas semanas de su campaña presidencial, Neruda le habló de sus legados:

 

“Lo que tengo lo pongo a disposición de la lucha popular. Esta casa en que usted está pertenece desde hace 20 años al Partido Comunista de Chile a quien se la he regalado por escritura pública. Yo estoy en esta casa simplemente por una decisión de mi partido, por la generosidad de mi partido. Estoy usufructuando de un bien que no me pertenece, puesto que lo di, así como todas las colecciones, y todos los libros, y todos los objetos que hay en esta casa. He regalado más de una biblioteca entera a la universidad de mi país. He regalado también la casa en que actualmente viven algunos de los dirigentes de mi partido.”

 

Después respondió así a la siguiente pregunta de la periodista:

 

¿No será otra de sus donaciones la Fundación Cantalao, una ciudad de escritores en Isla Negra?


”Últimamente he logrado adquirir, pagándolo a plazos, un terreno grande al lado del mar para que los escritores en el futuro puedan pasar su veraneo y hacer su obra creadora en un ambiente de extraordinaria belleza, como lo será la Fundación Cantalao. Será dirigida por gente de la Universidad Católica, de la Universidad de Chile y de la Sociedad de Escritores. Será una fundación para que los escritores becados puedan vivir por un año con el producto de mis derechos de autor, disfrutando de una casa común para reuniones y actos además de cabañas individuales para trabajar”.[1]

 

El 9 de mayo de 1973, habían comparecido ante la Secretaría del Tribunal  de Casablanca los testigos Ignacio Mujica Araya y Roberto Ceppi de Lecco Infante para declarar que la donación del predio de Punta de Tralca “tiene fines exclusivamente benéficos y no reportará utilidad de ninguna especie al donante, toda vez que será beneficiaria de la antedicha donación una entidad sin fines de lucro que tendrá como objetivo principal la difusión de las letras, las artes y las ciencias, objetivos que para cumplirlos hacen preciso habilitar dependencias donde se reunirán los escritores, artistas, científicos e investigadores. Se consulta también construir en el bien raíz que se dona locales para una exposición permanente, un acuario, un teatro y otra obras que permitan el mejor desarrollo de las finalidades numeradas”.

 

Justo un mes después, el 11 de junio de 1973, Neruda se presentó ante la Secretaría del Tribunal de Casablanca, como señala la escritura, autorizado por su cónyuge Matilde Urrutia, para donar la Fundación Cantalao en formación. Para erigirla, dona, a título gratuito, a fin de que se cumplan los fines que se contienen en los Estatutos de dicha Corporación, el inmueble ubicado en Punta de Tralca, comuna del Quisco, departamento de Casablanca de la provincia de Valparaíso, que compró al Seminario Pontificio de Santiago.

 

El pintor Julio Escámez recuerda que Neruda ya había empezado a proyectar la construcción de Cantalao hasta en ciertos detalles:

 

“En Isla Negra, cuando Neruda comenzaba a planear la construcción de una casa para escritores que se llamaría Cantalao, nombre tomado de su libro El habitante y su esperanza, ya tenía preparada la inscripción del frontis dedicada a dos personas: a don Carlos Nascimento y a Gonzalo Losada” [2].

 

El proyecto Centro Cultural Cantalao, patrocinado por la Fundación Cantalao —Universidad de Chile, Universidad Católica, Universidad Técnica Pablo Neruda— y propuesto por los arquitectos Carlos Martner, Raúl Bulnes y Virginia Plubins a la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU) el 1 de junio de 1973, abarca toda la idea de Neruda en un programa que contempla: casa de la cultura, acuario (inclusive sección dedicada a la conquiliología con exposición de conchas de moluscos), anfiteatro al aire libre, equipamiento deportivo y áreas verdes (parque de uso público).

 

Han pasado treinta y cinco años y no se ha materializado el legado de Neruda. Deberían responder de ello  la Universidad Católica, la Universidad de Chile y la Sociedad de Escritores. Ya es hora de saber por qué los legados de Neruda no fueron respetados.

 

Los escritores siguen esperando ser becados y poder vivir por un año en el territorio mágico de Cantalao con el producto de los derechos de autor de Pablo Neruda, “disfrutando de una casa común para reuniones y actos además de cabañas individuales para trabajar”.

 

Cantalao lo empezó a concebir Neruda cuando consolidó su pasión escogiendo el camino de la poesía contra toda traba, dispuesto a atravesar fronteras.

 

 

 



[1] Entrevista de Pablo Neruda con Rita Guibert: Siete voces. México: Editorial Novaro, S.A., 1974.

 

[2] Julio Escámez: Visiones de la infancia y adolescencia del poeta. Neruda 1906-1921. Editorial Universidad de Concepción, 2004.

 

*Publicado en “Punto Final” Nº 677, ed.19 12.2008 al 01.01.2009.

 






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 Referencia
Virginia Vidal.  "Cantalao, territorio imaginario de Neruda."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   26 de Diciembre de 2008.
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