La magnífica obra de Alfredo Valenzuela Puelma (Valparaíso, 8 de febrero de 1856-París, 27 de octubre de 1909) se puede apreciar en la retrospectiva, a cien años de la muerte del pintor, de la Corporación Cultural de Las Condes, dirigida por Francisco Javier Court. Si se considera que este artista en su vida pintó unas ciento setenta y cinco obras, es mayor el significado de esta muestra individual que permite conocer cincuenta y cinco conseguidas con gran empeño de museos y coleccionistas privados..
La rica humanidad de Valenzuela Puelma se advierte en su fama de no amar la ganancia y, sin poseer mucho, es sumamente generoso con cuantos tienen menos. Muchos lo respetan y otros lo denuestan por lo subversivo de sus ideas. Es muy aficionado a los dulces, pero enemigo del vino y el tabaco. Cree haber descubierto un remedio universal para curar todos los males. Ama lo bello y junta objetos preciosos de laca, marfil, metales esmaltados. Su originalidad se percibe en aspectos diversos: disfruta con su colección de prendedores de corbata, ajenos por completo al alfiler de perla o piedra preciosa que usan los caballeros. No siente respeto por quienes le critican sus zapatos de charol y sus trajes de fantasía o se escandalizan tanto por sus broches como por su sueño de una sociedad sin clases y un mundo sin fronteras.
Como recuerda el pintor Sergio Montecino, en el cuadro “Jesús y Santo Tomás”, Alfredo Valenzuela Puelma pinta los rostros de los apóstoles con retratos de figuras conocidas; entre ellos del poeta Guillermo Matta, de José Manuel Balmaceda y de sí mismo (1).
En este cuadro donde Jesús dice a Santo Tomás: «Toca mis llagas, pon tu mano en mi costado», el propio Valenzuela se autorretrató en Tomás y en otro de los apóstoles; don José Manuel posó para Cristo y un apóstol de túnica amarilla; otros modelos eran Ciccarelli, el primer profesor de la Escuela de Bellas Artes; don Juan Mochi, también profesor de esa escuela, y el poeta Guillermo Matta. La obra se pudo ver en el Salón de 1877 y contribuyó a fortalecer el prestigio del maestro (2).
Alfredo Valenzuela Puelma, artista precoz, excelente alumno de Kirchbach, empieza su carrera a los doce años y a los veintiuno ya tiene el merecido nombre de pintor.
Se caracteriza por el el dibujo seguro y neto, las pinceladas largas con poca pasta, la luminosidad, la tersura, su talento único para lograr la intensidad de la expresión concentrada en los ojos.Su verismo luminoso quedó eternizado en el retrato de don Juan Francisco González y en esa admirable cabeza de don Juan Mochi donde reprodujo todos los matices de la plata (fue coetáneo del gran pintor venezolano Arturo Michelena que también pintó un notable retrato de don Juan Francisco).
El revuelo causado por su “Perla del mercader de esclavas”, premiada en el Salón de París en 1885, tardó en apagarse. Valenzuela Puelma era el primer artista chileno capaz de pintar y mostrar el cuerpo desnudo. (Esta obra no se exhibió en la muestra de Las Condes; necesita cuidados especiales, no olvidemos que en una ocasión fue agredida perforándola con la punta de un bolígrafo.)
Después fueron reconocidos en el Salón de París los muchos méritos de su “Sirena o Ninfa de las cerezas”, titulada por la malicia criolla: «La chiquilla de las guindas». Aquí en un juego de admirable perspectiva se puede ver la riqueza de texturas de la epidermis femenina, de la peluda piel de un animal que sirve de cobertor, del cuero de una tapicería El tiempo le había dado la razón al maestro Mochi, pues Valenzuela Puelma le confirió categoría de gran tema plástico al desnudo y no vaciló en desafiar a la crítica y a un público perturbado por sus carnaciones nacaradas.
Pero su audacia para mostrar el cuerpo humano desnudo le acarrea incalculable sufrimiento, empezando por la destrucción de su hogar. Como señala Voluspa Jarpa:
“Los desnudos ejecutados por Valenzuela Puelma —los primeros en nuestro medio— revelan tanto lo que el artista debía hacer, como su búsqueda personal, y de esta conjunción surgirán obras monumentales y al mismo tiempo desconcertantes e inéditas para Chile: Náyade junto al agua, Magdalena penitente, Marchand de esclavas y la Ninfa de las cerezas fueron censurados por el gusto conservador y las prohibiciones de carácter moralista y religiosas en torno al cuerpo. A través del acceso a los documentos judiciales de Divorcio Perpetuo, iniciado por su esposa Carlina Garrido en 1895, podemos ver el conflicto moral y social que generaba el pintor en su entorno. Como por ejemplo que Carlina “…tapaba los cuadros del pintor cuando la iba a visitar su tío sacerdote Rómulo Garrido, lo que producía constantes roces en el matrimonio” ó “…que las vecinas de Valparaíso reclamaban por las imágenes de las pinturas de desnudos que se podían ver desde la calle…”, haciendo de esta práctica de velar y ocultar, una dificultad cotidiana” (3)
En aquella época, hubo un interés del Estado en impulsar el trabajo creador. Es así como diversos artistas fueron becados. En 1877, partió el pintor don Juan Francisco González. A mediados de 1889 se hallaban en el viejo continente los pintores Enrique Lynch (a su regreso se haría cargo del Museo de Bellas Artes, en la Quinta Normal), Ernesto Molina, Alfredo Valenzuela Puelma, Nicanor González Méndez; los escultores Simón González —hermano de don Juan Francisco, dilató por años su estancia en Europa— y Virginio Arias quien llegaría cargado de honores; también Juan Harris fue becado a París, pero no regresó.
De regreso, Valenzuela Puelma no oculta su adhesión a Balmaceda. Con el seudónimo de Pedrolera escribió artículos sobre temas de arte en el diario "La Ley". Fue amigo de Rubén Darío y del pintor chileno Alfredo Helsby. La guerra civil de 1891y el suicidio de Balmaceda lo sumen en la desolación. Recordamos un alucinante dibujo suyodel trágico suceso político: una hoja de calendario marca el veintinueve de agosto de 1891: un rostro terrorífico empuña una cruz terminada en daga; una calavera lleva un capelo a modo de toca; vuelan siniestras aves y se desliza una culebra; la vestidura del fanático se transforma en vendaval y humo y llamas de los incendios de edificios diversos; en tanto hordas arrastran los frutos del pillaje. Quien lo vea admirará el valor temerario del artista al dibujar este verdadero afiche testimonial.
La muerte de su hija, de diez años, la separación de sus otros dos hijos, la irremediable desavenencia conyugal, el rechazo de sus iniciativas artísticas, la imposición de valores del sistema, la pobreza que le impide dedicarse a su arte y lo lleva a trabajar como administrador del Teatro la Victoria de Valparaíso, van minando su salud y estabilidad.
En la Revista “Lo Nuevo”, Valparaíso, 1902, demuestra sus ideales políticos escribiendo: “A Zola se lo glorificará mañana, aunque solo sea por el hecho de haber empujado, casi a la cabeza, el movimiento público que obtuvo la revisión civil del famoso proceso con que la justicia militar condenó al desgraciado Dreyfus, y el haber derrumbado con este acontecimiento, el sistema de una organización establecida y aferrada como monstruoso pulpo dentro del gobierno civil, único que debe existir para dar un paso más hacia la verdadera justicia, la verdadera igualdad”.
Se va de nuevo a Europa donde trata de ganarse la vida con retratos que copia de fotografías. Vive en absoluta soledad. Sólo es posible imaginar sus angustiosas obsesiones que lo inducen a perseguir al fantasma de una mujer enemiga, armado de un martillo y una cámara fotográfica con la que pretende recuperar su rostro. Los vecinos llaman a la policía y es encerrado en el asilo para locos e indigentes de Villejuif, en las afueras de París. Muere y es enterrado en la fosa común del asilo con el número 1316.A su funeral asistió una sola persona: el escultor chileno Fernando Thauby (1886-1963). Treinta años después esos restos fueron repatriados.
Hoy, un público ansioso de conocer al maestro ha obligado a prolongar el tiempo de la exposición.
(1) Sergio Montecino: “Pintura y poesía”. Revista Cuadernos Nº 35. 1998. Fundación Neruda.
(2) Virginia Vidal: “Balmaceda Varón de una Sola Agua”
Editorial Los Andes, Santiago 1991. (declarada Material Didáctico Complementario de la Educación Chilena para literatura, Educación Media por el Ministerio de Educación, según el Informe Técnico Clase "A", n. 110 de 1991).
(3) Voluspa Jarpa, Ramón Castillo: “Valenzuela Puelma: La vulnerabilidad de un genio sin contexto”. Corporación Cultural de Las Condes, 2009.